Manual de Edición Ética para Periodismo en Salud · Por Luz Elena Grisales · 20 de octubre de 2026

Luz Elena Grisales · 20 de octubre de 2026
Dirección editorial y autoría: Luz Elena Grisales. Compilación y redacción con asistencia de Claude Opus 5.5 (inteligencia artificial de Anthropic), verificada por la autora. Gráficos: Claude. Imágenes generadas con Gemini (Google).
Contenido
- Presentación
- Por qué un Manual de ética: una reflexión sobre nuestro oficio
- I. La evidencia
- II. La reportería con personas
- III. La escritura y la edición
- IV. Coberturas sensibles
- IV.1 Suicidio y conductas autolesivas
- IV.2 Epidemias, brotes y emergencias sanitarias
- IV.3 Vacunas
- IV.4 Cáncer y enfermedades graves o terminales
- IV.5 Enfermedades que cargan estigma
- IV.6 Consumo de sustancias y adicciones
- IV.7 Alimentación, dietas y trastornos de la conducta alimentaria
- IV.8 Terapias sin respaldo y productos milagro
- IV.9 Sistema de salud y derechos del usuario
- V. Después de publicar
- Anexo A. Origen: las reglas de 2018 y su desarrollo en este Manual
- Anexo B. Lista de chequeo antes de publicar
- Anexo C. Fuentes
Presentación
Este Manual reúne las prácticas editoriales que protegen a quien lee, a las personas sobre las que se informa y la calidad de la información en salud: la evidencia, la reportería con personas, la escritura, las coberturas sensibles y lo que sigue después de publicar. Antes de las entradas prácticas, la sección «Por qué un Manual de ética» ofrece una reflexión sobre el sentido de este acuerdo en un oficio donde se encuentran muchos intereses legítimos.
El Manual orienta; no sanciona. Su punto de partida son las nueve reglas para el periodismo en salud mental publicadas el 12 de febrero de 2018 en el blog de periodismo en salud de la Fundación Gabo (Anexo A). Aquí se amplían al conjunto del periodismo en salud.
Es un documento vivo. Lo elaboró Luz Elena Grisales, con asistencia de inteligencia artificial. Se publica en elpacientecolombiano.com y se actualizará cuando cambien la evidencia, la tecnología o las normas.
Cómo usar este Manual. Cada entrada tiene seis partes: el principio, por qué importa, cómo se hace, preguntas de control antes de publicar, un ejemplo de cómo estaba y cómo queda, y la fuente de referencia. La lista de chequeo del Anexo B reúne en una página las preguntas de control de todo el Manual. Los ejemplos de este Manual son ilustrativos: no reproducen piezas publicadas.
Por qué un Manual de ética: una reflexión sobre nuestro oficio
El periodismo en salud trabaja en un terreno donde la información no se reparte por igual. La industria farmacéutica sabe más de sus medicamentos que el médico que los receta; el médico, más que el paciente; el asegurador y el prestador conocen cifras que el usuario nunca ve.
Esa asimetría, sumada al gran número de actores y al volumen de recursos públicos que mueve el sector, hace que los sistemas de salud sean especialmente vulnerables a la corrupción, sobre todo donde las reglas y los controles son débiles (U4, 2023; Transparencia por Colombia y Así Vamos en Salud, 2023). Entre unos y otros estamos los periodistas y comunicadores en salud y nuestro oficio consiste en reducir esta brecha.
Por eso casi todos los actores del sector tienen interés en lo que se publica: fabricantes de medicamentos y dispositivos, aseguradoras y prestadores, sociedades científicas y organizaciones de pacientes con patrocinio, gobiernos y partidos, agencias de relaciones públicas, anunciantes y los propios medios. Ninguno de esos intereses es ilegítimo por sí mismo; el riesgo aparece cuando entra en la información sin que quien lee lo sepa. Quien publica un comunicado sin contrastarlo o depende de una sola fuente no comete necesariamente un delito, pero puede convertirse en el último eslabón de una cadena que termina en el cuerpo de un paciente.
La ley no alcanza a cubrir ese terreno. La reserva de las fuentes, la protección de los datos de salud y la de las personas menores de edad obligan por ley; pero ninguna norma nos dice cómo contar un estudio hecho en ratones, cuándo una cifra asusta más de lo que informa o qué palabras elegir al hablar de un suicidio. La ética empieza en las decisiones que la ley deja en nuestras manos, y cada una de ellas es una oportunidad de hacer mejor nuestro oficio.
Tampoco basta con escribirla: como advirtió en 2015 el entonces Contador General de la Nación al hablar de la corrupción en el sector salud, «una cosa son los sistemas de calidad colgados en la pared y otra cosa es la operatividad» (Rojas Santana, 2016). Por eso este Manual no es un cuadro para colgar en la pared, sino un acuerdo que practicamos pieza a pieza.
El caso de Caprecom, la EPS pública cuya liquidación ordenó el Decreto 2519 de 2015, mostró que las señales estaban a la vista años antes en sus estados financieros y en las auditorías de la Contraloría. Una investigación sobre ese caso propuso un mapa de riesgo de corrupción para el sector salud que pide códigos de conducta y políticas de conflicto de interés a reguladores, médicos, farmacéuticas y administradores (Rojas Santana, 2016).
Quienes informamos no aparecemos en ese mapa, aunque la prensa fue una de sus fuentes. Este Manual nos pone en él: también tenemos intereses, debemos declararlos y nos debemos a quien lee.
Fuentes. U4 Anti-Corruption Resource Centre (Chr. Michelsen Institute), Health sector corruption – basics (actualizado el 1 de mayo de 2023); Transparencia por Colombia y Así Vamos en Salud, «Riesgos y alertas sobre transparencia en la reforma a la salud» (29 de mayo de 2023); Rojas Santana, Tatiana Ximena, La información contable que procesa la Contaduría General de la Nación como elemento de detección del riesgo de corrupción en las entidades públicas: caso Caprecom (trabajo de grado, Contaduría Pública, Pontificia Universidad Javeriana, 2016); Decreto 2519 de 2015.
Recorra el mapa interactivo: ¿Por dónde se pierde el dinero en los sistemas de salud?

I. La evidencia
I.1 Jerarquía de la evidencia
El principio. No toda información científica pesa lo mismo; quien informa dice con qué tipo de evidencia trabaja.
Por qué importa. Un resultado en ratones presentado como hallazgo en personas puede llevar a alguien a probar un producto sin respaldo o a abandonar un tratamiento que sí funciona.
Cómo se hace. Se identifica el tipo de estudio antes de escribir. De mayor a menor solidez:
- Revisiones sistemáticas y metaanálisis.
- Ensayos clínicos aleatorizados.
- Estudios observacionales (de cohortes, de casos y controles).
- Series de casos y casos clínicos.
- Estudios en animales o de laboratorio, y modelos computacionales.
- Opinión de expertos.
Esta escala es una simplificación; el orden puede variar según la pregunta que hace el estudio.
Se dice en el texto, desde los primeros párrafos, qué tipo de estudio es, en cuántas personas y durante cuánto tiempo. Si es un preprint —un artículo que se difunde antes de pasar por la revisión de otros científicos—, se advierte al lector. La publicación en una revista con revisión por pares da más confianza, pero no garantiza que el estudio sea sólido.
Preguntas de control. ¿Qué tipo de estudio es? ¿Se hizo en personas? ¿Con cuántas y durante cuánto tiempo? ¿Pasó revisión por pares? ¿La pieza lo dice en los primeros párrafos y el titular lo respeta?
Ejemplo.
Cómo estaba: «Nuevo fármaco revierte la diabetes».
Cómo queda: «Un fármaco experimental revirtió la diabetes en ratones; aún no se ha probado en personas».
Fuente. Reglas de 2018, n.º 3 y 4; AHCJ, Covering Medical Research: A Guide for Reporting on Studies (Gary Schwitzer, 2010, con apoyo de la Robert Wood Johnson Foundation; vigente); Oxford Centre for Evidence-Based Medicine, The 2011 Oxford CEBM Levels of Evidence.
Sobre la Evidencia

I.2 Ensayos clínicos: fase y lenguaje
El principio. Quien informa sobre un tratamiento dice en qué fase de investigación está y no anuncia eficacia donde todavía no se ha probado.
Por qué importa. La mayoría de los tratamientos que prometen en fases tempranas no llegan a aprobarse. Una nota que anuncia una cura crea expectativas que no se cumplen y lleva a pacientes y familias a buscar algo que no existe.
Cómo se hace. Se identifica la fase del ensayo:
- Fase 1: prueba la seguridad y la dosis en pocas personas.
- Fase 2: busca las primeras señales de eficacia y de efectos adversos.
- Fase 3: compara con el tratamiento habitual o con placebo —una sustancia sin efecto que se ve igual al medicamento— en cientos o miles de personas, y es la base para aprobar un medicamento.
- Fase 4: vigila el medicamento cuando ya está en uso.
El ensayo se busca en un registro público, como ClinicalTrials.gov o la plataforma de registros de la OMS (ICTRP). Que un medicamento esté aprobado en otro país no significa que esté disponible en Colombia; se verifica su registro sanitario en el INVIMA. Sobre resultados preliminares no se escribe «cura», «milagro», «revolucionario» ni «avance histórico». También se dice qué midió el estudio. Que un medicamento baje el colesterol, la presión o el tamaño de un tumor —lo que se llama una variable sustituta, porque se mide en lugar del resultado que de verdad importa— no prueba que alargue la vida ni que la persona se sienta o funcione mejor; si el estudio solo midió eso, la pieza lo dice. Un resultado negativo también es noticia: desde 2015, la OMS pide que se publiquen los resultados de todos los ensayos clínicos, incluidos los que no salieron como se esperaba.
Preguntas de control. ¿En qué fase está el ensayo? ¿Está registrado? ¿El tratamiento está aprobado y disponible en Colombia? ¿El estudio midió si las personas vivieron más o mejor, o solo un valor de laboratorio? ¿El titular o el texto usan palabras que el resultado no sostiene?
Ejemplo.
Cómo estaba: «Llega la cura del alzhéimer».
Cómo queda: «Un fármaco en fase 2 mostró señales de frenar el deterioro en 200 personas con alzhéimer; falta el ensayo de fase 3».
Fuente. Reglas de 2018, n.º 3; OMS, declaración sobre divulgación pública de resultados de ensayos clínicos (2015); ClinicalTrials.gov; OMS-ICTRP; INVIMA.
Los ensayos clínicos


I.3 Riesgos, beneficios y efectos adversos
El principio. Toda pieza sobre una intervención en salud —fármaco, vacuna, dispositivo, procedimiento, suplemento o terapia— informa sus riesgos junto con sus beneficios, en cifras que el lector pueda entender.
Por qué importa. «Reduce el riesgo a la mitad» puede significar pasar de 2 a 1 de cada 100 personas. El porcentaje relativo, solo, agranda el efecto y lleva a decidir con una idea falsa de lo que se gana y lo que se arriesga.
Cómo se hace.
- Se informan los efectos adversos conocidos y su frecuencia.
- Los resultados se expresan en términos absolutos («de cada 100 personas») y, si se usa el porcentaje relativo, va acompañado del absoluto.
- Se distingue la asociación de la causa: un estudio observacional muestra que dos cosas aparecen juntas, no que una produzca la otra.
- Se dice qué alternativas existen, cuánto cuesta el tratamiento y si lo cubre el sistema de salud.
Esto pesa más en los temas que el público más consulta, como los psicofármacos, los anticonceptivos, las vacunas y los medicamentos para bajar de peso.
Absoluto y relativo. El riesgo absoluto es contar: de cada 100 personas (o de cada millón), ¿a cuántas les pasa algo? El riesgo relativo es comparar: ¿cuántas veces más le pasa a un grupo que a otro? Si sin el fármaco 2 de cada 100 personas tienen un infarto y con el fármaco 1 de cada 100, contar dice «una persona menos de cada 100» y comparar dice «la mitad». Las dos cosas son ciertas, pero «la mitad» no dice cuántas personas son. Por eso siempre se cuenta, además de comparar.

Preguntas de control. ¿La pieza dice los riesgos además de los beneficios? ¿Hay al menos una cifra absoluta? ¿Se presenta como causa algo que es solo asociación? ¿Se mencionan las alternativas, el costo y la cobertura?
Ejemplo.
Cómo estaba: «Fármaco reduce a la mitad el riesgo de infarto».
Cómo queda: «En el estudio, de cada 100 personas sin el fármaco, 2 tuvieron un infarto; de cada 100 que lo tomaron, 1. Además, 4 de cada 100 tuvieron molestias digestivas».
Fuente. Reglas de 2018, n.º 3; Gary Schwitzer, «Writing about health care interventions? The HealthNewsReview criteria are as relevant as ever», AHCJ, 23 de julio de 2024.


I.4 Los comunicados de prensa no son la nota
El principio. Un comunicado de prensa es un punto de partida, nunca la nota.
Por qué importa. Los comunicados de universidades, empresas y entidades suelen exagerar los hallazgos, y esa exageración pasa casi intacta a las noticias. Un estudio publicado en The BMJ en 2014 lo documentó: cuando el comunicado exageraba, la prensa también exageraba.
Cómo se hace.
- Se lee el estudio completo, no solo el resumen ni el comunicado que lo anuncia, y se revisan sus secciones de financiación, conflictos de interés y limitaciones.
- Las citas de un comunicado no se presentan como declaraciones obtenidas por quien firma; si se usan, se dice de dónde salen.
- Se busca al menos una fuente experta que no haya participado en el estudio.
- Si un estudio llega bajo embargo —el acuerdo de no publicar antes de una fecha y hora—, ese tiempo se usa para verificar.
- Si falta la información sobre financiación o conflictos de interés, se dice. Si no se consigue y resulta determinante, conviene no publicar todavía.
Preguntas de control. ¿Leí el estudio o solo el comunicado? ¿Revisé la financiación y las limitaciones? ¿Cada cita dice de dónde viene? ¿Hablé con alguien independiente del estudio?
Ejemplo.
Cómo estaba: «»Este hallazgo cambiará la vida de millones de pacientes», afirmó el director del estudio».
Cómo queda: «»Este hallazgo cambiará la vida de millones de pacientes», dijo el director del estudio en un comunicado de la universidad. Una investigadora que no participó en el trabajo advirtió que el resultado aún debe confirmarse en un ensayo más amplio».
Fuente. Reglas de 2018, n.º 2; AHCJ, Statement of Principles; Sumner y otros, «The association between exaggeration in health related science news and academic press releases», The BMJ, 2014.
I.5 Conflictos de interés de las fuentes
El principio. La pregunta no es solo qué dice la fuente, sino quién la financia.
Por qué importa. Los estudios financiados por la industria llegan con más frecuencia a conclusiones favorables al producto del patrocinador, según una revisión Cochrane de 2017. Un experto o una organización de pacientes que recibe dinero de un fabricante puede opinar con honestidad, pero el lector tiene derecho a saberlo para ponderar lo que lee.
Cómo se hace.
- Se revisa quién financió el estudio y qué conflictos declaran sus autores.
- Se pregunta a cada experto si tiene vínculos con la industria relacionada con el tema: consultorías, conferencias pagadas, investigación financiada o vocerías.
- Se revisa quién financia a las organizaciones de pacientes y a las sociedades científicas que se citan.
- Cuando el vínculo puede incidir en lo que se afirma, se informa al lector. Si se pidió la información y fue negada, también se dice.
Preguntas de control. ¿Sé quién financió el estudio? ¿Pregunté a cada experto por sus vínculos? ¿Quién financia a la organización que cito? ¿Lo dice la pieza cuando importa?
Ejemplo.
Cómo estaba: «El reconocido endocrinólogo X recomienda el nuevo medicamento».
Cómo queda: «El endocrinólogo X, que ha sido conferencista pagado del laboratorio que fabrica el medicamento, lo recomienda; un estudio independiente…».
Fuente. Reglas de 2018, n.º 2; Lundh y otros, «Industry sponsorship and research outcome», Cochrane, 2017.
I.6 Vigencia de la información
El principio. Las recomendaciones en salud cambian, y la pieza dice de cuándo es la información que usa.
Por qué importa. Una cifra o una recomendación vencida, repetida durante años, sigue orientando decisiones aunque la ciencia ya la haya corregido.
Cómo se hace.
- Se revisan la fecha de publicación y la de última actualización de toda guía, página o estudio que se cite.
- Antes de citar una cifra, se busca la más reciente en su fuente original.
- En Colombia, las guías de práctica clínica del Ministerio de Salud tienen fecha de publicación y, en algunos casos, actualizaciones parciales; se cita la versión vigente.
- Cuando una fuente se usa como antecedente histórico y no como recomendación actual, se le dice al lector.
Preguntas de control. ¿De qué año es cada dato? ¿Hay una versión más reciente? ¿La guía que cito sigue vigente? ¿La pieza dice la fecha cuando importa?
Ejemplo.
Cómo estaba: «Una de cada cuatro personas tendrá un trastorno mental».
Cómo queda: «Una de cada cuatro personas tendrá un trastorno mental o neurológico a lo largo de su vida, según el Informe sobre la salud en el mundo de la OMS de 2001», acompañado del dato más reciente disponible.
Fuente. Reglas de 2018, n.º 6; Ministerio de Salud y Protección Social, guías de práctica clínica.
II. La reportería con personas
II.1 Verificación
El principio. Solo se publica lo que se ha comprobado. Ante la duda entre publicar rápido y publicar cierto, se publica cierto.
Por qué importa. En salud, un dato falso no solo desinforma: puede llevar a alguien a tomar un medicamento, a dejarlo o a no consultar a tiempo.
Cómo se hace.
- Se va al origen de cada dato: quién lo dijo, dónde y cuándo.
- Se confronta con fuentes oficiales. En Colombia: el Instituto Nacional de Salud (boletín epidemiológico semanal), el SISPRO, el DANE (estadísticas vitales) y el INVIMA.
- Se consulta además a fuentes expertas independientes y diversas.
- Las cifras se ponen en contexto: cuánto es, frente a qué y en qué periodo.
- Se le ofrece a la parte implicada la oportunidad de responder antes de publicar.
- Las fotos y los videos se verifican con una búsqueda inversa de imágenes —una herramienta que muestra dónde y cuándo apareció antes una imagen— y se confirma que no hayan sido generados o alterados con IA.
- Se conserva la constancia de lo verificado: documentos, grabaciones y capturas con fecha.
Preguntas de control. ¿Sé de dónde sale cada dato? ¿Lo confronté con una fuente oficial y con una independiente? ¿Tuvo la parte implicada oportunidad de responder? ¿Verifiqué el origen de las imágenes? ¿Guardé la constancia?
Ejemplo.
Cómo estaba: «Un video muestra el colapso de un hospital en Cali».
Cómo queda: «El video que circula como de un hospital de Cali fue grabado en otro país en 2021, según la búsqueda inversa de imágenes; la Secretaría de Salud informó que la ocupación de ese hospital es del 85 %».
Fuente. Reglas de 2018, n.º 4; Consejo de Redacción, Pistas para chequear: cómo hacer periodismo de verificación de datos (Pablo Medina Uribe, Bogotá, 2019). Recoge la metodología de Colombiacheck.
II.2 Cotejo de citas
El principio. Ninguna cita se publica sin cotejarla contra su fuente original: el documento, la grabación o la transcripción.
Por qué importa. En salud, una palabra o una cifra mal transcrita cambia una dosis, un diagnóstico o una recomendación. Atribuir a un estudio o a una persona algo que no dijo daña al lector y a la fuente.
Cómo se hace.
- Cada cita textual se compara con la grabación o con el documento original, no con las notas ni con un resumen.
- No se atribuye a un estudio, a un informe o a una persona una frase que quien firma no haya leído u oído directamente.
- Las transcripciones automáticas —las que hace un programa al convertir el audio en texto— se revisan contra el audio, con especial cuidado en nombres propios, cifras, dosis y nombres de medicamentos, que es donde más se equivocan.
- Lo mismo vale, con más rigor, para citas, resúmenes o referencias obtenidos con ayuda de IA, que puede inventar frases y fuentes que no existen.
- Se conserva la constancia del cotejo.
Preguntas de control. ¿Comparé cada cita con la grabación o el documento? ¿Revisé las cifras, las dosis y los nombres? ¿Alguna cita pasó por una herramienta de IA sin cotejo?
Ejemplo.
Cómo estaba: «»La dosis recomendada es de 50 miligramos», explicó la especialista», según la transcripción automática.
Cómo queda: «»La dosis recomendada es de 15 miligramos», explicó la especialista», según la grabación.
Fuente. Reglas de 2018, n.º 4; Consejo de Redacción, Pistas para chequear (2019), paso «consultar a la fuente».
II.3 El dolor ajeno no es material en bruto
El principio. Quien atraviesa una pérdida, un diagnóstico grave o una emergencia es una persona, no una fuente de emoción para la pieza.
Por qué importa. Una entrevista mal hecha puede reabrir la herida y hacer que la persona reviva lo ocurrido, y un testimonio publicado sin cuidado la expone ante su comunidad para siempre.
Cómo se hace.
- Antes de la entrevista se explica para qué se usará lo que diga, dónde y cuándo se publicará, y qué puede pedir que quede fuera.
- La persona decide si habla, puede pedir pausas, omitir datos o terminar la entrevista, y se le pregunta si acepta la grabación.
- No se abre con «¿cómo se siente?». Se pregunta qué necesita, se hacen preguntas abiertas y, al final, cómo ha lidiado con lo ocurrido.
- Los detalles dolorosos se piden solo si la pieza los necesita.
- Se le pregunta cómo quiere ser nombrada: no todas las personas se reconocen en la palabra «víctima».
- Quien está en situación de vulnerabilidad puede revisar antes de publicar las citas que se le atribuyen. Esa revisión cubre la exactitud de sus palabras, no el control editorial de la pieza.
Preguntas de control. ¿Sabe la persona para qué y dónde se publicará su testimonio? ¿Pudo decir qué queda fuera? ¿Cada detalle doloroso es necesario? ¿Revisó sus citas?
Ejemplo.
Cómo estaba: «¿Cómo se siente después de perder a su hijo?».
Cómo queda: «¿Hay algo que necesite antes de empezar? Puede parar cuando quiera».
Fuente. Reglas de 2018, n.º 8; Marcela Turati, «Consejos para entrevistar a víctimas, testigos o sobrevivientes de tragedias», GIJN, 2021; Confederación Salud Mental España, Guía de estilo sobre salud mental para medios de comunicación (2018).
II.4 El caso individual no es evidencia
El principio. Una historia personal ilumina un tema, pero no prueba que un tratamiento funcione ni que sea peligroso.
Por qué importa. El testimonio conmueve más que una cifra. Un lector puede tomar como recomendación médica la historia de alguien que mejoró con un producto, o rechazar una vacuna por el caso de alguien que tuvo un efecto adverso.
Cómo se hace.
- Cuando la pieza se construye sobre un caso, se dice qué muestra la evidencia en poblaciones amplias.
- Si el caso es excepcional, se dice que lo es.
- No se eligen solo los casos o los estudios que confirman la idea de la pieza (en inglés se llama cherry picking).
- Un efecto adverso individual se pone en proporción: cuántas veces ocurre y frente a qué beneficio (I.3).
Preguntas de control. ¿La pieza dice qué muestra la evidencia más allá del caso? ¿El caso es típico o excepcional, y se dice? ¿Busqué casos o estudios que contradigan la idea?
Ejemplo.
Cómo estaba: «María dejó la quimioterapia y se curó con una dieta alcalina».
Cómo queda: «María atribuye su mejoría a una dieta alcalina. No hay estudios que muestren que esa dieta trate el cáncer, y sus oncólogos advierten sobre el riesgo de abandonar el tratamiento».
Fuente. Reglas de 2018, n.º 3; María Laura Chang, «Guía de GIJN: una brújula para periodistas que investigan salud y medicina», GIJN, 2021.
II.5 La reserva de una fuente se concede con razón y se cumple siempre
Obliga por ley. El secreto profesional del periodista es inviolable (Constitución Política, art. 74).
El principio. La reserva de identidad se concede cuando hay un riesgo real para la fuente, no por comodidad, y una vez concedida es inviolable, incluso frente a requerimientos de autoridad.
Por qué importa. En salud, quien denuncia suele ser una enfermera, un médico residente, un paciente o un funcionario que puede perder su empleo, su tratamiento o su tranquilidad. Si la reserva se concede a la ligera, pierde valor ante el lector; si se rompe una vez, ninguna otra fuente vuelve a confiar.
Cómo se hace.
- Antes de conceder la reserva se pregunta qué riesgo corre la fuente si se la nombra.
- Lo que dice una fuente reservada se confirma con documentos o con otras fuentes.
- Se cuida que ningún detalle la delate: el cargo, el turno, el servicio o una frase que solo ella usa.
- Se informa al lector por qué se concedió la reserva (V.2).
- Quien trabaja para un medio comparte la identidad solo con su editor, si la política del medio lo exige, y se lo advierte antes a la fuente.
Preguntas de control. ¿Hay un riesgo real que justifique la reserva? ¿Confirmé lo que dijo? ¿Algún detalle permite reconocerla? ¿Explico al lector por qué no la nombro?
Ejemplo.
Cómo estaba: «La única enfermera del turno de noche de la UCI, que pidió no ser identificada, aseguró que faltan insumos».
Cómo queda: «Una enfermera de cuidados intensivos habló con la condición de no ser identificada, porque teme perder su empleo. Su relato coincide con dos solicitudes internas de insumos que este medio revisó».
Fuente. Constitución Política de Colombia, art. 74.
II.6 Un diagnóstico pertenece a quien lo vive
Obliga por ley. La intimidad y el buen nombre están protegidos por la Constitución (art. 15). La Ley 1581 de 2012 clasifica los datos de salud como sensibles.
El principio. No se publican historias clínicas, diagnósticos, resultados de laboratorio ni condiciones de salud de una persona identificable sin su consentimiento expreso, libre e informado, obtenido y conservado por escrito o en grabación. El consentimiento se pide para un uso concreto: reutilizar un testimonio en otra pieza, en otro medio o en una campaña exige pedirlo de nuevo.
Por qué importa. Un diagnóstico publicado no se borra. Puede costar un empleo, un seguro o la tranquilidad de una familia, y quien lo contó a un periodista no siempre imaginó que lo leería todo su barrio.
Cómo se hace.
- Se explica a la persona dónde, cuándo y cómo se publicará su historia, y que en internet su nombre quedará en los buscadores por años; se le pregunta cómo quiere ser nombrada (II.3). Si la historia trata de una crisis o de un diagnóstico que estigmatiza, se le confirma el consentimiento antes de publicar, cuando el texto ya está escrito.
- El consentimiento queda por escrito o grabado, con la fecha y el uso acordado.
- Se protege también lo que identifica de forma indirecta: el barrio, el empleo, la foto de la casa.
- Si la persona se arrepiente antes de publicar, se le escucha y se valora con el editor.
- Un diagnóstico que circula en redes no autoriza a repetirlo.
Preguntas de control. ¿Tengo el consentimiento para esta pieza y este medio? ¿Algún dato la identifica sin nombrarla? ¿Sabe la persona cómo y dónde aparecerá, y que quedará en los buscadores?
Ejemplo.
Cómo estaba: «Carlos [apellido], profesor del colegio [nombre] de Chía, vive con VIH desde 2019».
Cómo queda: «Carlos, docente en la sabana de Bogotá, vive con VIH desde 2019. Pidió que no se publicara su apellido ni el lugar donde trabaja».
Fuente. Constitución Política de Colombia, art. 15; Ley 1581 de 2012 (datos sensibles); Superintendencia de Industria y Comercio, comunicado del 10 de abril de 2026.
II.7 A niñas, niños y adolescentes se les protege primero
Obliga por ley. Sus derechos prevalecen sobre los de los demás (Constitución Política, art. 44), tienen derecho a la intimidad (Ley 1098 de 2006, art. 33) y los medios tienen responsabilidades especiales con ellos (Ley 1098 de 2006, art. 47).
El principio. No se identifica a menores de edad en relación con su estado de salud, ni por nombre, imagen, institución educativa o datos que permitan reconocerlos, aun con autorización de madres, padres o cuidadores, salvo que el interés superior del menor lo justifique de manera evidente y así se argumente ante el editor o, si se trabaja de forma independiente, se deje constancia escrita del razonamiento.
Por qué importa. Lo que se publica hoy sobre un niño lo acompañará en el colegio, en internet y en su vida adulta. Él no eligió ser noticia, y la autorización de un adulto no siempre coincide con su interés.
Cómo se hace.
- Se protegen también los datos indirectos: el colegio, el barrio, la foto de la familia, el apellido de un padre conocido.
- Se escucha al niño o adolescente según su edad, con un adulto de confianza presente, y se respeta si no quiere hablar.
- Si la familia pide visibilidad, por ejemplo para conseguir un medicamento negado, se valora si identificar al menor es la única forma de ayudarlo, y se deja escrito por qué.
- La protección se extiende a las imágenes de ilustración (III.3).
Preguntas de control. ¿Algún dato permite reconocer al menor? ¿Identificarlo le sirve a él o solo a la pieza? ¿Dejé constancia escrita si hice una excepción?
Ejemplo.
Cómo estaba: «Sofía [apellido], de 9 años, alumna del colegio [nombre] de Soacha, lucha contra la leucemia».
Cómo queda: «Una niña de 9 años en tratamiento contra la leucemia en Soacha espera desde hace tres meses un medicamento. Su madre aceptó hablar; por su protección no se publican su nombre ni su imagen».
Fuente. Constitución Política de Colombia, art. 44; Ley 1098 de 2006 (Código de la Infancia y la Adolescencia), arts. 33 y 47.
III. La escritura y la edición
III.1 El lenguaje nombra personas, no diagnósticos
El principio. Las personas tienen condiciones de salud; no son sus condiciones.
Por qué importa. Una etiqueta reduce a la persona a su diagnóstico y sostiene un estigma que retrasa consultas y tratamientos durante años.
Cómo se hace. Se prefiere:
- «Persona con esquizofrenia», en lugar de «esquizofrénico».
- «Persona con diabetes», en lugar de «diabético».
- «Persona con VIH», en lugar de «sidoso» o «portador de sida». El VIH es el virus; el sida es la etapa avanzada de la infección.
- «Persona con discapacidad», en lugar de «minusválido» o «discapacitado».
- «Usuario de silla de ruedas», en lugar de «confinado a una silla de ruedas».
- «Persona con consumo problemático de sustancias», en lugar de «adicto» o «drogadicto».
- «Tiene» o «vive con», en lugar de «sufre», «padece», «es víctima de» o «lucha contra».
- «Hospital psiquiátrico» o «unidad de salud mental», en lugar de «manicomio».
- Nunca «loco» ni «demente» como descripción.
Quien tiene un diagnóstico lo comunica; no lo «confiesa» ni lo «admite», porque no hay culpa que confesar. Estos términos solo aparecen en una cita textual necesaria y con contexto. Ante la duda, se le pregunta a la persona cómo prefiere ser nombrada (II.3).
El diagnóstico de una persona solo se menciona si cumple dos condiciones: una fuente competente —su médico tratante, un dictamen pericial o la propia persona— lo confirma, y ayuda a explicar los hechos. Si falta una de las dos, se omite. Esto pesa más en las noticias judiciales y de orden público, donde atribuir un hecho violento a un trastorno mental refuerza el estigma de que las personas con trastornos mentales son peligrosas.
Preguntas de control. ¿Algún sustantivo convierte a la persona en su diagnóstico? ¿Uso verbos de sufrimiento, culpa o batalla? ¿Le pregunté a la persona cómo quiere ser nombrada? Si menciono un diagnóstico, ¿lo confirma una fuente competente y ayuda a explicar los hechos?
Ejemplo.
Cómo estaba: «Diabético pierde la pierna por falta de insulina».
Cómo queda: «Persona con diabetes pierde una pierna tras meses sin recibir insulina de su EPS».
Cómo estaba: «Paciente psiquiátrico ataca a su vecino».
Cómo queda: «Hombre hiere a su vecino en una riña en Kennedy»; el diagnóstico solo se menciona si una fuente competente lo confirma y ayuda a explicar los hechos.
Fuente. Reglas de 2018, n.º 1 y 9; Ley 1616 de 2013, art. 6; Convención de la ONU sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (aprobada en Colombia por la Ley 1346 de 2009); Fundéu BBVA (hoy FundéuRAE), recomendación «personas con discapacidad» (2019); Confederación Salud Mental España, Guía de estilo (2018).
III.2 Los titulares no sensacionalizan la salud
El principio. El titular dice lo mismo que la pieza, ni más ni menos.
Por qué importa. El titular es lo que más gente lee y lo único que muchos leerán, y además es lo que circula en redes. Un titular que exagera desinforma aunque el texto sea riguroso.
Cómo se hace.
- El titular no promete lo que el texto no sostiene: no dice «cura» donde hay un ensayo temprano (I.2) ni «causa» donde hay una asociación (I.3).
- No estigmatiza ni asocia un diagnóstico con la violencia o el delito. La gran mayoría de las personas con un trastorno mental no son violentas, y tienen más probabilidad de ser víctimas que agresoras.
- No siembra alarma con palabras como «brote mortal», «epidemia silenciosa» o «bomba de tiempo» si los datos no lo justifican.
- No repite una falsedad, ni siquiera para desmentirla: el titular afirma lo cierto.
- Lo mismo vale para el sumario, el pie de foto y el texto que acompaña la pieza en redes.
Preguntas de control. ¿El texto sostiene todo lo que dice el titular? ¿El titular estigmatiza o asocia un diagnóstico con violencia? ¿Siembra alarma? ¿Repite una falsedad? ¿Revisé también el sumario y el texto para redes?
Ejemplo.
Cómo estaba: «Paciente psiquiátrico ataca a su vecino».
Cómo queda: «Hombre hiere a su vecino en una riña en Kennedy», y si el diagnóstico no es relevante para los hechos, no se menciona.
Fuente. Reglas de 2018, n.º 1; Confederación Salud Mental España, Guía de estilo (2018); OPS, Cómo luchar contra la información falsa sobre las vacunas: consejos para periodistas (2025).
III.3 Las imágenes también informan y también dañan
El principio. La imagen no contradice ni estigmatiza lo que el texto cuenta con cuidado.
Por qué importa. Una imagen se recuerda más que el texto. Si muestra la enfermedad como amenaza, vergüenza o espectáculo, deshace el trabajo de la pieza.
Cómo se hace.
- Se prefieren personas en su vida cotidiana —trabajando, en familia, en la calle— a la oscuridad, el encierro, las rejas, las cabezas entre las manos o las alusiones a la muerte.
- Las personas con obesidad se muestran en actividades cotidianas, no como torsos, cuerpos sin cabeza ni partes del cuerpo. A niñas, niños y adolescentes con obesidad no se les fotografía para ilustrar el tema, aunque no se les vea la cara: el Manual extiende así la protección de II.7.
- En temas de vacunas se muestran personas sanas; se evitan las agujas en primer plano y los niños llorando, que aumentan el rechazo a la vacunación.
- No se usan fotos de archivo de personas identificables para ilustrar un diagnóstico que no tienen.
- A un paciente identificable no se le fotografía sin su consentimiento (II.6).
- Las imágenes generadas o alteradas con IA se rotulan de manera visible y no se usan para recrear a personas reales ni hechos ocurridos.
- Los gráficos también se revisan. En los de barras, el eje vertical empieza en cero, para no agrandar diferencias pequeñas; si se usa otra escala, se dice. Los íconos y las figuras guardan proporción con las cifras que representan.
Preguntas de control. ¿La imagen refuerza el estigma que el texto combate? ¿Tiene la persona fotografiada su consentimiento y el diagnóstico que se le atribuye? ¿Está rotulada la imagen hecha con IA? ¿El gráfico agranda o achica la diferencia que muestran las cifras?
Ejemplo.
Cómo estaba: la foto de una persona encogida en un rincón oscuro ilustra una nota sobre depresión.
Cómo queda: una mujer conversa con una amiga en un parque, con pie de foto que aclara que es una imagen ilustrativa.
Fuente. Reglas de 2018, n.º 9; Confederación Salud Mental España, Guía de estilo (2018); Science Media Centre España, Guía rápida para informar sobre obesidad sin caer en errores (2025); UNICEF, Guía práctica para gestionar las informaciones erróneas sobre las vacunas (2020); Alberto Cairo, How Charts Lie (W. W. Norton, 2019; resumen en español del Knight Center para el Periodismo en las Américas); véanse II.6 y II.7.
III.4 Desinformación
El principio. Se informa según el peso de la evidencia. El equilibrio periodístico no obliga a presentar como equivalentes una posición con respaldo científico y una que no lo tiene.
Por qué importa. Darle a una falsedad el mismo espacio que al consenso científico la legitima. Repetirla, aunque sea para desmentirla, la ayuda a circular.
Cómo se hace.
- No se da tribuna sin contexto ni contradicción a quien promueve tratamientos sin respaldo, niega evidencia consolidada o difunde información falsa.
- Antes de desmentir algo se pregunta si de verdad está circulando. Desmentir un rumor que casi nadie conoce lo difunde.
- Al desmentir se empieza y se termina con el dato cierto, y la falsedad va en medio, una sola vez y señalada como tal (es el «emparedado de la verdad», también llamado «sándwich de la verdad»; en inglés, truth sandwich).
- Se explica quién difunde la falsedad y qué gana con ella, cuando se sabe: dinero, seguidores o influencia.
- Los videos, audios e imágenes de supuestos expertos se verifican: pueden ser montajes o haber sido generados con IA (II.1).
Preguntas de control. ¿La pieza refleja el peso de la evidencia? ¿La falsedad circula lo suficiente para desmentirla? ¿El dato cierto abre y cierra el texto? ¿Se dice quién gana con la falsedad?
Ejemplo.
Cómo estaba: «¿Las vacunas causan autismo? Expertos y padres debaten».
Cómo queda: «Las vacunas infantiles son seguras: decenas de estudios en millones de niños lo confirman. Circula la idea falsa de que causan autismo; nació de un estudio de 1998 que la revista retiró en 2010 y que después se demostró fraudulento. La evidencia sigue mostrando que vacunar protege».
Fuente. Reglas de 2018, n.º 5; OPS, Cómo luchar contra la información falsa sobre las vacunas: consejos para periodistas (2025); UNICEF, Guía práctica para gestionar las informaciones erróneas sobre las vacunas (2020); Consejo de Redacción, Pistas para chequear (2019). Fuentes primarias del ejemplo: The Lancet, retractación del artículo de Wakefield y otros (2 de febrero de 2010; antecedente histórico); Godlee, Smith y Marcovitch, «Wakefield’s article linking MMR vaccine and autism was fraudulent», The BMJ, 2011 (antecedente histórico); Hviid y otros, «Measles, Mumps, Rubella Vaccination and Autism: A Nationwide Cohort Study», Annals of Internal Medicine, 2019 (657.461 niños nacidos en Dinamarca; financiado por la Fundación Novo Nordisk y el Ministerio de Salud de Dinamarca).


IV. Coberturas sensibles
IV.1 Suicidio y conductas autolesivas

El principio. El suicidio se puede prevenir, y la manera de informar sobre él puede salvar vidas o poner otras en riesgo.
Por qué importa. La cobertura que detalla el método o presenta el suicidio como salida aumenta los suicidios en los días siguientes, sobre todo entre personas vulnerables. La que cuenta cómo alguien superó una crisis y buscó ayuda tiene el efecto contrario. Al primero se le llama efecto Werther; al segundo, efecto Papageno.
Cómo se hace.
- No se describe el método ni se identifica el lugar.
- No se usan titulares provocadores, no se destaca la noticia por encima de su valor informativo y no se repite.
- No se presenta el suicidio como solución, salida, descanso o acto romántico o heroico, ni se atribuye a una sola causa: es un fenómeno con muchas causas.
- Se escribe «murió por suicidio» o «se quitó la vida», no «cometió suicidio», porque «cometer» lo asocia con un delito. Tampoco «suicidio exitoso» o «fallido», sino «intento de suicidio».
- No se publican fotos, videos, notas de despedida ni enlaces a las redes de la persona fallecida.
- Con figuras públicas se informa con especial prudencia y se pone el énfasis en la prevención.
- Se buscan historias de personas que atravesaron una crisis y encontraron ayuda.
- Al cierre va siempre información de ayuda vigente: líneas de atención y organizaciones. Quien firma verifica esos datos el mismo día de la publicación; no es una tarea que se delegue, porque un número que no responde hace más daño que la ausencia del dato.
Preguntas de control. ¿Hay algún detalle del método o del lugar? ¿Atribuí el suicidio a una sola causa? ¿El verbo es «cometer»? ¿Verifiqué hoy las líneas de ayuda?
Ejemplo.
Cómo estaba: «Joven se quita la vida tras perder su empleo: se lanzó desde un puente».
Cómo queda: «Murió un joven de 24 años en Medellín. Su familia pide que se hable de salud mental». Al final va la información de ayuda, verificada ese día.
Fuente. Reglas de 2018, n.º 7; OMS y OPS, Prevención del suicidio: un recurso para profesionales de los medios de comunicación. Actualización del 2023; OMS, Vivir la vida (LIVE LIFE): guía de aplicación para la prevención del suicidio en los países, 17 de junio de 2021, versión en español de la OPS; Ley 1616 de 2013.

Lectura complementaria. Dos artículos publicados en elpacientecolombiano.com amplían esta entrada:
- «Restricción a herramientas letales sí previene muertes por suicidio» (actualizado el 18 de octubre de 2026).
- «Cómo informar una muerte por suicidio: el caso de Johana Doe» (actualizado el 19 de octubre de 2026).
IV.2 Epidemias, brotes y emergencias sanitarias
El principio. En una emergencia sanitaria se informa para que la gente se proteja, no para que tenga miedo.
Por qué importa. En un brote, las personas toman decisiones rápidas con lo que leen: consultar o no, encerrarse, comprar medicamentos, señalar a un vecino. La alarma y el estigma se propagan tan rápido como la enfermedad.
Cómo se hace.
- Las cifras se ponen en contexto: casos confirmados y sospechosos, periodo, comparación con años anteriores y tasas por población, no solo números sueltos.
- Se distingue la letalidad —la proporción de enfermos que mueren— de la mortalidad —la proporción de toda la población que muere—.
- La fuente principal es el Instituto Nacional de Salud y su boletín epidemiológico semanal, y se dice la fecha del dato.
- Se dice lo que se sabe, lo que no se sabe todavía y qué puede cambiar.
- Cada pieza incluye información práctica: síntomas de alarma, cuándo consultar y cómo protegerse.
- No se identifica a pacientes, a su familia ni al «paciente cero» (II.6).
- No se asocia la enfermedad con un país, una región, un grupo étnico o una población migrante: se usa el nombre técnico de la enfermedad.
- No se usan imágenes de trajes de protección, ataúdes o calles vacías si no corresponden a lo que se informa.
Preguntas de control. ¿Las cifras tienen periodo, comparación y fuente con fecha? ¿Digo lo que no se sabe? ¿Hay información práctica? ¿Alguna palabra señala a un lugar o a un grupo?
Ejemplo.
Cómo estaba: «Pánico en Cali: se dispara el dengue grave».
Cómo queda: «Los casos de dengue grave en Cali duplican los del mismo periodo de 2025, según el boletín del INS del 2 de octubre. Estas son las señales de alarma para consultar».
Fuente. OPS, COVID-19: consejos para informar. Guía para periodistas (2020); OMS, World Health Organization Best Practices for the Naming of New Human Infectious Diseases (mayo de 2015; buenas prácticas para nombrar nuevas enfermedades infecciosas humanas); Instituto Nacional de Salud, Boletín Epidemiológico Semanal; véase II.6.
IV.3 Vacunas
El principio. Las vacunas se informan según el peso de la evidencia, con sus beneficios y sus riesgos reales en proporción.
Por qué importa. La caída de la vacunación devuelve enfermedades que estaban controladas, como el sarampión. Una nota mal hecha sobre un efecto adverso puede bajar las coberturas durante años.
Cómo se hace.
- El debate no se presenta como «expertos contra padres» ni como dos posiciones equivalentes (III.4).
- Se distingue un ESAVI —un evento supuestamente atribuible a la vacunación o inmunización, es decir, algo que ocurre después de vacunarse— de un efecto causado por la vacuna. Que ocurra después no prueba que lo cause (I.3).
- Los eventos adversos se informan con su frecuencia real y frente al riesgo de la enfermedad que la vacuna previene.
- Se consulta el Programa Ampliado de Inmunizaciones (PAI) del Ministerio de Salud para los esquemas y coberturas, y al INS para la vigilancia de eventos adversos.
- Un caso individual se pone en proporción (II.4).
- Las imágenes muestran personas sanas, sin agujas en primer plano ni niños llorando (III.3).
Preguntas de control. ¿Presenté el tema como un debate entre iguales? ¿Distinguí lo que ocurre después de vacunar de lo que causa la vacuna? ¿Está la frecuencia del evento adverso frente al riesgo de la enfermedad?
Ejemplo.
Cómo estaba: «Niña queda en coma después de recibir la vacuna».
Cómo queda: «Una niña fue hospitalizada días después de vacunarse. El INS investiga el caso como ESAVI, el protocolo que se sigue con todo evento posterior a una vacuna para establecer si tiene relación con ella».
Fuente. OPS, Cómo luchar contra la información falsa sobre las vacunas: consejos para periodistas (2025); UNICEF, Guía práctica para gestionar las informaciones erróneas sobre las vacunas (2020); Ministerio de Salud, Programa Ampliado de Inmunizaciones; Instituto Nacional de Salud, vigilancia de ESAVI.
IV.4 Cáncer y enfermedades graves o terminales
El principio. Se informa sin falsas esperanzas y sin fatalismo, y sin cargar a la persona con la responsabilidad de su enfermedad.
Por qué importa. «Perdió la batalla» sugiere que quien murió no luchó lo suficiente. «Sentencia de muerte» le quita esperanza a quien sí puede tratarse. Y una «cura» anunciada sin respaldo lleva a pacientes a buscar tratamientos que no existen.
Cómo se hace.
- Se evitan las metáforas de guerra: «lucha», «batalla», «guerrero», «vencer» o «perder». La persona tiene una enfermedad, recibe un tratamiento y vive con ella, o muere por ella.
- Se dice qué tipo de cáncer es y en qué estadio está, cuando se sabe y la persona lo autoriza: el cáncer no es una sola enfermedad, y el pronóstico cambia mucho de un caso a otro.
- Los tratamientos experimentales se informan con su fase (I.2) y sin la palabra «cura».
- En el final de la vida se habla de cuidados paliativos, que en Colombia son un derecho (Ley 1733 de 2014), y se protege la intimidad del paciente y de su familia.
- Se informa también sobre las barreras de acceso: diagnóstico tardío, autorizaciones y entrega de medicamentos (IV.9).
Preguntas de control. ¿Uso lenguaje de guerra? ¿Dije qué tipo de cáncer y en qué estadio? ¿Hablé de «cura» donde no la hay? ¿Respeté la intimidad de la familia?
Ejemplo.
Cómo estaba: «Murió tras perder su batalla contra el cáncer».
Cómo queda: «Murió a los 52 años por un cáncer de páncreas diagnosticado hace un año».
Fuente. Hernández Pardo, Soler Bonafont y Cedillo Corrochano, «Palabras que acompañan: reflexión lingüística y propuesta de material visual informativo para hablar del cáncer», Discurso & Sociedad, vol. 20, n.º 2, 2026; Grupo Español de Pacientes con Cáncer (GEPAC), campaña «Cuidado con las palabras» (abril de 2026, con apoyo declarado de la farmacéutica BeOne Medicines); Ley 1733 de 2014; I.2 de este Manual.
IV.5 Enfermedades que cargan estigma
El principio. Algunas enfermedades llevan encima un juicio moral que la pieza no repite.
Por qué importa. El estigma hace que la gente no se haga la prueba, oculte el diagnóstico y abandone el tratamiento, y así la enfermedad se transmite más.
Cómo se hace.
- VIH: se escribe «persona con VIH», no «portador» ni «sidoso». El VIH es el virus y el sida es la etapa avanzada de la infección. Se informa que una persona en tratamiento, con carga viral indetectable, no transmite el virus por vía sexual.
- Se habla de «transmisión», no de «contagio», y de comportamientos de riesgo, no de «grupos de riesgo».
- Tuberculosis: se recuerda que se cura con tratamiento completo.
- Enfermedad de Hansen: se usa este nombre o «lepra», y no «leproso».
- Infecciones de transmisión sexual: se informa sin juicios sobre la vida sexual de las personas.
- No se revela el diagnóstico de nadie sin su consentimiento (II.6).
Preguntas de control. ¿Alguna palabra juzga o culpa? ¿Dije que la enfermedad tiene tratamiento? ¿Revelé un diagnóstico sin consentimiento?
Ejemplo.
Cómo estaba: «Aumentan los portadores de sida en Colombia».
Cómo queda: «Aumentan los diagnósticos de VIH en Colombia. Con tratamiento, las personas con VIH pueden tener una vida larga y no transmitir el virus por vía sexual».
Fuente. ONUSIDA, UNAIDS Terminology Guidelines (2024; revisa las Orientaciones terminológicas de 2015, cuya versión en español sigue disponible); OMS, orientaciones sobre supresión viral del VIH (julio de 2023); véase II.6.
IV.6 Consumo de sustancias y adicciones
El principio. El consumo de sustancias se informa como un asunto de salud pública y de derechos, no solo como crónica policial, y la persona no se reduce a su consumo.
Por qué importa. El estigma aleja de los servicios de salud a quienes necesitan ayuda. Una cobertura que solo cita a la policía y a los jueces muestra una parte del fenómeno y deja por fuera a quienes lo viven.
Cómo se hace.
- Se nombra la sustancia concreta: alcohol, tabaco, cannabis, cocaína, bazuco, heroína. No se escribe «la droga» en singular, y no se separa el alcohol de las drogas: se dice «alcohol y otras drogas».
- Se distinguen los tipos de consumo: experimental, ocasional, habitual y problemático. No todo consumo es una adicción.
- Se escribe «persona con consumo problemático» o «persona con dependencia a» una sustancia, en lugar de «adicto», «drogadicto», «vicioso» o «yonqui» (III.1). Tampoco se usa «limpio» para decir que alguien dejó de consumir, porque supone que consumir es estar sucio. Se evitan «flagelo», «epidemia» y «guerra contra las drogas» si los datos no lo justifican (III.2).
- Las fuentes no se limitan a la policía y los juzgados. Se consulta también a profesionales de salud pública, investigadores, organizaciones especializadas y personas que consumen o consumieron, protegiendo su identidad si lo piden (II.5).
- Las cifras salen del Observatorio de Drogas de Colombia y del Ministerio de Salud, con su fecha (I.6).
- Antes de alertar sobre una sustancia nueva, se verifica que haya evidencia de que circula en el país.
- Las imágenes no muestran jeringas, polvo ni personas identificables en situación de calle (III.3).
- Al cierre va información vigente sobre dónde pedir ayuda, verificada el día de la publicación.
Preguntas de control. ¿Nombré la sustancia? ¿Distinguí el tipo de consumo? ¿Alguna palabra reduce a la persona a su consumo? ¿Hay fuentes además de la policía? ¿Las cifras tienen fuente y fecha?
Ejemplo.
Cómo estaba: «Joven adicta a la droga sale limpia de rehabilitación».
Cómo queda: «Joven con dependencia a la cocaína completó su tratamiento y lleva un año sin consumir».
Fuente. Elementa DDHH, Desintoxicando narrativas: kit de herramientas para garantizar el acceso a la información en política de drogas (Paula Aguirre Ospina y Adriana Muro Polo, febrero de 2020, con apoyo de la Friedrich-Ebert-Stiftung en Colombia, FESCOL); Energy Control, Di SÍ a la «buena» información. Guía de periodismo y drogas (2022, con financiación de la Agència de Salut Pública de Catalunya, Generalitat de Catalunya); Observatorio de Drogas de Colombia; véase II.5.
IV.7 Alimentación, dietas y trastornos de la conducta alimentaria
El principio. Se informa sobre alimentación y peso sin promover dietas restrictivas ni culpar a nadie por su cuerpo. Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) se presentan como lo que son: enfermedades mentales que tienen tratamiento.
Por qué importa. Para una persona vulnerable, sobre todo si es adolescente, el relato detallado de cómo alguien restringe la comida o compensa lo que come puede funcionar como un instructivo. Por otro lado, el estigma por el peso retrasa las consultas médicas.
Cómo se hace.
- No se describen métodos para bajar de peso ni conductas de restricción o de compensación. No se publican pesos, tallas ni calorías de personas con TCA, ni fotos de cuerpos muy delgados o del tipo «antes y después».
- Los TCA no se presentan como una decisión, una moda o un asunto de vanidad, ni se atribuyen a una sola causa.
- El testimonio va acompañado de una fuente experta y de contexto (II.4), y se centra en la recuperación y en la búsqueda de ayuda (II.3).
- Una dieta se informa con su evidencia (I.1, I.3), sin «milagro», «detox» ni «quemagrasa», y se dice quién la promueve y qué vende (IV.8).
- No se comenta el cuerpo de figuras públicas ni se celebra que alguien haya adelgazado. Al hablar de obesidad se aplica III.1 y III.3.
- Los TCA se publican en la sección de salud, no en la de entretenimiento.
- Al cierre va información vigente sobre dónde pedir ayuda, verificada el día de la publicación.
Preguntas de control. ¿Hay algún detalle que funcione como instrucción? ¿Hay cifras de peso o fotos de cuerpos? ¿Habla una fuente experta? ¿La pieza culpa a alguien por su cuerpo? ¿Está la información de ayuda?
Ejemplo.
Cómo estaba: «La actriz revela la dieta con la que perdió peso en tiempo récord».
Cómo queda: «La actriz habló de su recuperación de la anorexia y de la importancia de pedir ayuda a tiempo; una psiquiatra explica las señales de alerta».
Fuente. Instituto Nacional de la Salud Mental de Estados Unidos (NIMH, agencia pública de los Institutos Nacionales de Salud), Hablemos de los trastornos de la alimentación (n.º SOM 25-4317, 2025); Science Media Centre España, Guía rápida para informar sobre obesidad sin caer en errores (2025); Sánchez Rivera, «Visibilidad sin profundidad: tratamiento informativo de los trastornos de la conducta alimentaria en medios nacionales y regionales colombianos (2024)», trabajo de grado, Universidad del Rosario, 2026; AVALCAB, Los trastornos de la conducta alimentaria. Guía de buenas prácticas para medios de comunicación (c. 2009; antecedente histórico).
IV.8 Terapias sin respaldo y productos milagro
El principio. Una terapia o un producto que promete curar sin pruebas no se presenta como una alternativa válida; se busca quién lo vende y, si no se logra establecer, la pieza lo dice.
Por qué importa. Quien abandona o retrasa un tratamiento eficaz por una terapia sin respaldo puede empeorar o morir. Además, un producto sin registro sanitario puede contener componentes peligrosos.
Cómo se hace.
- Se pregunta qué evidencia existe: ensayos clínicos o revisiones sistemáticas (I.1). Si no hay, la pieza lo dice.
- Se verifica en el INVIMA si el producto tiene registro sanitario y si hay alertas sobre él.
- No se usa «natural» como sinónimo de seguro, ni «medicina alternativa» para algo que no ha demostrado eficacia. Se escribe «terapia sin respaldo científico» o «pseudoterapia».
- Se dice quién lo vende, cuánto cuesta y qué gana con ello (I.5, III.4).
- Un testimonio de curación no prueba que el producto funcione (II.4).
- Los anuncios en los que aparecen famosos o médicos se verifican, porque pueden ser montajes o estar hechos con IA (II.1).
- No se publica una entrevista sin contradicción con quien vende la terapia (III.4), y un contenido pagado se rotula como publicidad.
- Se advierte del riesgo de dejar el tratamiento indicado y de las interacciones con otros medicamentos.
- Si quien promueve el producto se presenta como médico u otro profesional de la salud, se verifica que esté inscrito en el Registro Único Nacional del Talento Humano en Salud (ReTHUS), y su opinión se distingue de lo que dicen las guías de práctica clínica (I.6).
Preguntas de control. ¿Qué evidencia hay y lo dice la pieza? ¿Tiene registro del INVIMA? ¿Se dice quién lo vende y cuánto cuesta? ¿Verifiqué que el anuncio y sus voceros sean reales? ¿Quien se presenta como profesional de la salud está inscrito en el ReTHUS?
Ejemplo.
Cómo estaba: «Este té natural limpia el organismo y elimina el cáncer».
Cómo queda: «Un té que se vende en redes como cura contra el cáncer no tiene registro del INVIMA ni estudios que respalden ese uso; oncólogos advierten que reemplazar el tratamiento pone en riesgo la vida».
Fuente. Ministerios de Sanidad y de Ciencia de España, Plan para la Protección de la Salud frente a las Pseudoterapias (2018) y campaña #CoNprueba (2019); Maldita.es, «Productos «milagro» que se promocionan con falsas entrevistas a famosos: por qué pueden suponer un riesgo para la salud y cómo identificarlos» (2023); Ministerio de Salud y Protección Social, Registro Único Nacional del Talento Humano en Salud (ReTHUS), consulta pública.
IV.9 Sistema de salud y derechos del usuario
El principio. El sistema de salud se cubre desde los derechos de las personas, con datos verificables y sin que la pieza tome partido en el debate político sobre el modelo.
Por qué importa. Quien conoce sus derechos sabe cómo reclamarlos. Una nota que cuenta la negación de un servicio sin explicar la ruta para reclamar deja al lector sin herramientas. Y un debate contado con los datos de una sola parte desinforma.
Cómo se hace.
- La salud es un derecho fundamental (Ley 1751 de 2015). Cuando la pieza cuenta una negación de servicio, explica la ruta para reclamar: petición a la EPS, queja ante la Superintendencia Nacional de Salud y tutela.
- Se distingue el caso individual del problema del sistema, con datos (II.4).
- Cada cifra lleva su fuente, su fecha y lo que mide. Si dos cifras de una misma entidad no coinciden, se dice de qué informe sale cada una (I.6, II.1).
- Antes de publicar se le pide respuesta a la EPS, al prestador o a la entidad señalada (II.1).
- En el debate sobre la reforma se presentan las posiciones con sus datos y sus fuentes, sin adoptar como propios los argumentos de ninguna parte. Se revisa quién financia a los gremios, las asociaciones y los centros de pensamiento que se citan (I.5).
- Se explican las siglas: EPS, Entidad Promotora de Salud (la entidad que afilia y organiza la atención); IPS, Institución Prestadora de Servicios de Salud (el hospital o la clínica que presta el servicio); UPC, Unidad de Pago por Capitación (el valor que el sistema le paga cada año a la EPS por cada afiliado), y ADRES, Administradora de los Recursos del Sistema General de Seguridad Social en Salud (la entidad que maneja el dinero de la salud).
- Se protegen la identidad y los datos clínicos de los pacientes (II.6).
Preguntas de control. ¿La pieza explica cómo reclamar? ¿Cada cifra tiene fuente, fecha y lo que mide? ¿Respondió la entidad señalada? ¿Están las posiciones del debate con sus datos? ¿Expliqué las siglas?
Ejemplo.
Cómo estaba: «EPS deja morir a paciente».
Cómo queda: «Una paciente con cáncer de mama esperó cuatro meses la autorización de su quimioterapia y su familia presentó una tutela. La paciente falleció. La EPS respondió que el caso está en revisión».
Fuente. Ley Estatutaria 1751 de 2015; Defensoría del Pueblo, Informe de Tutelas en Salud (2026); Superintendencia Nacional de Salud; véase II.6.


V. Después de publicar
V.1 Corrección de errores
El principio. Un error se corrige pronto, a la vista y con la misma fuerza con que se publicó.
Por qué importa. En salud, alguien pudo actuar con el dato equivocado: tomar una dosis, ignorar un síntoma de alarma o marcar una línea de ayuda que no responde. Además, la corrección suele circular mucho menos que la nota original, y el dato erróneo sigue vivo.
Cómo se hace.
- Apenas se confirma el error, se corrige en la misma pieza, con una nota visible que dice qué estaba mal, qué es lo correcto y la fecha de la corrección.
- No se borra la pieza ni se cambia el texto en silencio. Una errata que no cambia el sentido, como una falta de ortografía, puede corregirse sin nota.
- Si años después una persona que dio su testimonio pide retirar su nombre porque la nota le causa discriminación en el trabajo o en la familia, se valora con el editor. Se puede quitar el nombre o los datos que la identifican y dejar una nota que lo explica, sin borrar la pieza.
- Si el error afecta una dosis, un síntoma de alarma, una línea de ayuda o una recomendación, la corrección también se destaca al comienzo de la pieza y se difunde por los mismos canales donde circuló la nota, incluidas las redes.
- Si un estudio que se citó se corrige o se retira, se actualiza la pieza y se informa qué hallazgo se retira, por qué y cómo se detectó el problema, sin concluir que toda la ciencia está en crisis.
- Antes de citar un estudio, se comprueba en Retraction Watch que no haya sido retirado.
- Quien se vea afectado por un error puede pedir la rectificación. Se atiende en condiciones de equidad: en el mismo lugar y con la misma visibilidad que la información original (Constitución, art. 20).
- Se ofrece a los lectores un canal visible para reportar errores.
Preguntas de control. ¿La nota de corrección dice qué estaba mal, qué es lo correcto y cuándo se corrigió? ¿Llegó la corrección a los mismos canales que la nota original? ¿Algún estudio citado fue corregido o retirado? Si alguien pide retirar su nombre, ¿lo valoré con el editor y dejé una nota que lo explica?
Ejemplo.
Cómo estaba: la cifra se cambió en el texto sin ningún aviso.
Cómo queda: «Corrección (9 de octubre de 2026): una versión anterior de esta nota decía que la dosis recomendada era de 50 miligramos; la dosis correcta es de 15 miligramos».
Fuente. Constitución Política de Colombia, art. 20; Fundación Gabo, Consultorio Ético (en funcionamiento desde 2000); Annenberg Public Policy Center, Annenberg Science Media Monitor, informe 3 (2018, con apoyo de la Rita Allen Foundation); CBC News, «’Zombie facts’ live on after black plastic and other studies get corrected or retracted» (11 de enero de 2025); Retraction Watch.
V.2 Cómo se hizo la pieza
El principio. Quien lee tiene derecho a saber cómo se hizo la pieza: con qué fuentes, con qué método y con qué dinero. Basta con que el medio lo explique en un lugar público; la pieza lo dice cuando tiene patrocinio, alianzas o uso de IA.
Por qué importa. En salud, el lector decide si confía en lo que lee antes de actuar. Saber de dónde sale la información le permite evaluarla, y la transparencia sobre el método genera confianza a largo plazo.
Cómo se hace.
- Se identifica a las fuentes siempre que sea posible y se enlazan las fuentes primarias —el estudio, la resolución, el contrato— para que quien lee pueda comprobarlas.
- En las investigaciones y las piezas con datos, un recuadro «Cómo se hizo» explica qué fuentes se consultaron y cuántas, qué documentos o estudios se leyeron completos, y qué bases de datos se usaron y con qué fecha de corte.
- Si una fuente pidió reserva de su identidad, se dice por qué se concedió, sin revelar nada que permita identificarla.
- Si se usó IA, se dice en qué parte del trabajo y cómo se verificó lo que produjo (II.2).
- Si la pieza tiene financiación externa (una beca, un fondo, una alianza o un patrocinio), se dice quién la financió, bajo qué condiciones y si el financiador tiene interés en el tema (I.5), y se deja constancia de que la independencia editorial no se negoció. Quien trabaja para un medio lo informa a su editor. Si la financia el propio medio, basta con su política pública.
- Si alguna persona recibió un pago o una compensación por participar, también se dice.
- Cuando es posible, se publican los datos y la metodología para que otros puedan revisarlos.
- La pieza lleva firma, fecha y lugar.
Preguntas de control. ¿El medio explica en un lugar público su método y su financiación? ¿La pieza enlaza sus fuentes primarias y dice si tuvo patrocinio, alianzas o uso de IA?
Ejemplo.
Cómo estaba: la investigación termina sin explicar cómo se hizo.
Cómo queda: «Cómo se hizo: entrevistamos a 12 personas, entre ellas cuatro especialistas sin vínculos con la industria farmacéutica; revisamos 230 tutelas de 2025 obtenidas por derecho de petición, y usamos una herramienta de IA para transcribir las entrevistas, cuyas citas cotejamos con el audio. La investigación contó con una beca de [entidad], que no intervino en el contenido».
Fuente. Reuters Institute (Universidad de Oxford), Gretel Kahn, «Estos medios intentan fomentar la confianza a través de la transparencia. ¿Está funcionando?» (6 de mayo de 2025); FOPEA y Thomson Media, La confiabilidad de los medios digitales en la Argentina. Relevamiento de transparencia en 60 medios digitales (diciembre de 2020, proyecto 100 Por Cierto, con apoyo de la Unión Europea); The Trust Project, Indicadores de Confianza (2017; financiado, entre otros, por Google, Facebook y Craig Newmark Philanthropies).
Anexo A. Origen: las reglas de 2018 y su desarrollo en este Manual
| Regla de 2018 | Se desarrolla en | Lo que amplía el Manual |
|---|---|---|
| 1. Encontrar el título perfecto | III.2, III.1 | Del estigma en salud mental a todo titular de salud: «cura», «causa», alarma, falsedades; también sumario y redes. |
| 2. Identificar los posibles conflictos de interés | I.5, I.4 | Vínculos de expertos, organizaciones de pacientes y sociedades científicas. |
| 3. Investigar los resultados e interpretación que se le han dado a estudios previos | I.1, I.2, I.3, II.4 | Jerarquía de la evidencia, fases de los ensayos, cifras absolutas. La declaración de la OMS se fecha en 2015. |
| 4. Verificar y revisar la información por pares académicos | I.1, II.1, II.2 | La revisión por pares da confianza, pero no garantiza. Preprints, fuentes oficiales colombianas, cotejo de citas. |
| 5. Combatir los bulos | III.4 | Peso de la evidencia, umbral para desmentir, sándwich de la verdad, montajes con IA. |
| 6. Buscar información completa y actualizada | I.6 | Guías vigentes, cifra más reciente en su fuente, antecedente histórico declarado. |
| 7. Ofrecer información para buscar ayuda | IV.1, IV.6, IV.7 | Línea de ayuda verificada el día de publicar, extendida a adicciones y TCA. |
| 8. Respetar el dolor de los afectados | II.3 | Consentimiento, pausas, cómo quiere ser nombrada la persona, revisión de citas. |
| 9. Modificar léxico, etiquetas e imágenes | III.1, III.3 | Del campo de la salud mental a toda la salud; imágenes de obesidad, vacunas e IA. |
Anexo B. Lista de chequeo antes de publicar
I. La evidencia
- ¿Qué tipo de estudio es, en cuántas personas y en qué fase, y lo dice la pieza al comienzo?
- ¿Leí el estudio completo y no solo el comunicado?
- ¿Hay al menos una cifra absoluta? ¿Distinguí asociación de causa?
- ¿Sé quién financió el estudio y qué vínculos tienen mis fuentes? ¿Lo dice la pieza cuando importa?
- ¿De qué fecha es cada dato? ¿Hay una versión más reciente?
II. La reportería
- ¿Confronté cada dato con una fuente oficial y con una independiente?
- ¿Tuvo la parte señalada oportunidad de responder?
- ¿Cotejé cada cita, cifra y dosis con la grabación o el documento?
- ¿Sabe la persona afectada dónde se publicará su testimonio? ¿Revisó sus citas?
- ¿La pieza dice qué muestra la evidencia más allá del caso?
- Reserva: ¿hay un riesgo real que la justifique? ¿Algún detalle permite reconocer a la fuente?
- Datos de salud: ¿tengo el consentimiento escrito o grabado para esta pieza y este medio?
- Menores de edad: ¿algún dato permite reconocer al niño o adolescente?
III. La escritura
- ¿Alguna palabra reduce a la persona a su diagnóstico o a su consumo?
- ¿El titular, el sumario y el texto para redes dicen solo lo que la pieza sostiene?
- ¿La imagen estigmatiza? ¿Tiene consentimiento? ¿Está rotulada si se hizo con IA?
- ¿La pieza refleja el peso de la evidencia sin repetir la falsedad?
IV. Coberturas sensibles
- Suicidio: ¿sin método ni lugar, sin «cometió», con líneas de ayuda verificadas hoy?
- Brotes: ¿cifras con periodo, comparación y fuente fechada, sin señalar lugares ni grupos?
- Vacunas: ¿distinguí lo que ocurre después de vacunar de lo que causa la vacuna?
- Cáncer: ¿sin lenguaje de guerra ni «cura»?
- Estigma: ¿dije que la enfermedad tiene tratamiento? ¿Revelé un diagnóstico sin consentimiento?
- Sustancias: ¿nombré la sustancia? ¿Hay fuentes además de la policía?
- TCA: ¿sin métodos, cifras de peso ni fotos de cuerpos?
- Terapias sin respaldo: ¿qué evidencia hay, tiene registro del INVIMA, quién la vende?
- Sistema de salud: ¿la pieza explica cómo reclamar? ¿Respondió la entidad?
V. Después de publicar
- Si hubo un error: ¿nota visible con lo que estaba mal, lo correcto y la fecha, difundida por los mismos canales?
- ¿Algún estudio citado fue corregido o retirado?
- ¿El medio explica en un lugar público su método y su financiación? ¿La pieza enlaza sus fuentes primarias y dice si tuvo patrocinio, alianzas o uso de IA?
Anexo C. Fuentes
Origen
Por qué un Manual de ética
- U4 Anti-Corruption Resource Centre (Chr. Michelsen Institute, Bergen). Health sector corruption – basics (actualizado el 1 de mayo de 2023).
- Transparencia por Colombia y Así Vamos en Salud. «Riesgos y alertas sobre transparencia en la reforma a la salud» (29 de mayo de 2023).
- Rojas Santana, Tatiana Ximena. La información contable que procesa la Contaduría General de la Nación como elemento de detección del riesgo de corrupción en las entidades públicas: caso Caprecom. Trabajo de grado, Contaduría Pública, Pontificia Universidad Javeriana, 2016.
- Decreto 2519 de 2015 (supresión y liquidación de Caprecom).
I. La evidencia
- AHCJ. Covering Medical Research: A Guide for Reporting on Studies (Gary Schwitzer, 2010, con apoyo de la Robert Wood Johnson Foundation; vigente).
- AHCJ. Statement of Principles.
- Oxford Centre for Evidence-Based Medicine. The 2011 Oxford CEBM Levels of Evidence.
- OMS. Declaración sobre la divulgación pública de resultados de ensayos clínicos (2015).
- ClinicalTrials.gov; OMS-ICTRP; INVIMA.
- Schwitzer, Gary. «Writing about health care interventions? The HealthNewsReview criteria are as relevant as ever». AHCJ, 23 de julio de 2024 (criterios del sitio HealthNewsReview.org, que financió la Laura and John Arnold Foundation).
- Sumner y otros. «The association between exaggeration in health related science news and academic press releases». The BMJ, 2014.
- Lundh y otros. «Industry sponsorship and research outcome». Cochrane, 2017.
- OPS. Cómo luchar contra la información falsa sobre las vacunas: consejos para periodistas (2025).
- Ministerio de Salud y Protección Social. Guías de práctica clínica.
II. La reportería con personas
- Consejo de Redacción. Pistas para chequear: cómo hacer periodismo de verificación de datos (Pablo Medina Uribe, 2019).
- Turati, Marcela. «Consejos para entrevistar a víctimas, testigos o sobrevivientes de tragedias». GIJN, 2021.
- Chang, María Laura. «Guía de GIJN: una brújula para periodistas que investigan salud y medicina». GIJN, 2021.
- Confederación Salud Mental España. Guía de estilo sobre salud mental para medios de comunicación: las palabras sí importan (2018, con financiación del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad de España).
- Constitución Política de Colombia, arts. 15, 44 y 74.
- Ley 1098 de 2006 (Código de la Infancia y la Adolescencia), arts. 33 y 47.
- Ley 1581 de 2012 (protección de datos personales; datos sensibles).
- Superintendencia de Industria y Comercio. Comunicado sobre publicaciones periodísticas y protección de datos personales (10 de abril de 2026).
III. La escritura y la edición
- Ley 1616 de 2013; Ley 1346 de 2009 (Convención de la ONU sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad).
- Fundéu BBVA (hoy FundéuRAE). Recomendación «personas con discapacidad» (4 de junio de 2019).
- Science Media Centre España. Guía rápida para informar sobre obesidad sin caer en errores (2025, con apoyo de la FECYT).
- UNICEF, con First Draft, Yale Institute for Global Health y The Public Good Projects. Guía práctica para gestionar las informaciones erróneas sobre las vacunas (2020).
- Cairo, Alberto. How Charts Lie (W. W. Norton, 2019); resumen en español del Knight Center para el Periodismo en las Américas.
- The Lancet. Retractación de Wakefield y otros, «Ileal-lymphoid-nodular hyperplasia, non-specific colitis, and pervasive developmental disorder in children» (2 de febrero de 2010; antecedente histórico).
- Godlee, Fiona; Smith, Jane; Marcovitch, Harvey. «Wakefield’s article linking MMR vaccine and autism was fraudulent». The BMJ, 2011 (antecedente histórico).
- Hviid, Anders, y otros. «Measles, Mumps, Rubella Vaccination and Autism: A Nationwide Cohort Study». Annals of Internal Medicine, 2019 (financiado por la Fundación Novo Nordisk y el Ministerio de Salud de Dinamarca).
IV. Coberturas sensibles
- OMS y OPS. Prevención del suicidio: un recurso para profesionales de los medios de comunicación. Actualización del 2023.
- OMS. Vivir la vida (LIVE LIFE): guía de aplicación para la prevención del suicidio en los países (17 de junio de 2021); versión en español de la OPS.
- OPS. COVID-19: consejos para informar. Guía para periodistas (2020).
- OMS. World Health Organization Best Practices for the Naming of New Human Infectious Diseases (mayo de 2015; buenas prácticas para nombrar nuevas enfermedades infecciosas humanas).
- Instituto Nacional de Salud. Boletín Epidemiológico Semanal; vigilancia de ESAVI.
- Ministerio de Salud y Protección Social. Programa Ampliado de Inmunizaciones.
- Hernández Pardo, Blanca; Soler Bonafont, María Amparo; Cedillo Corrochano, Carmen María. «Palabras que acompañan: reflexión lingüística y propuesta de material visual informativo para hablar del cáncer». Discurso & Sociedad, vol. 20, n.º 2, 2026, pp. 583-612. https://doi.org/10.14198/dissoc.29982
- Grupo Español de Pacientes con Cáncer (GEPAC). Campaña «Cuidado con las palabras» (2026, con apoyo declarado de BeOne Medicines).
- Ley 1733 de 2014.
- ONUSIDA. UNAIDS Terminology Guidelines (2024; revisa las Orientaciones terminológicas de 2015, cuya versión en español sigue disponible).
- OMS. Orientaciones sobre supresión viral del VIH (julio de 2023).
- Elementa DDHH. Desintoxicando narrativas: kit de herramientas para garantizar el acceso a la información en política de drogas (Paula Aguirre Ospina y Adriana Muro Polo, febrero de 2020, con apoyo de la Friedrich-Ebert-Stiftung en Colombia, FESCOL).
- Energy Control. Di SÍ a la «buena» información. Guía de periodismo y drogas (2022, con financiación de la Agència de Salut Pública de Catalunya, Generalitat de Catalunya).
- Observatorio de Drogas de Colombia.
- Instituto Nacional de la Salud Mental de Estados Unidos (NIMH, agencia pública de los Institutos Nacionales de Salud). Hablemos de los trastornos de la alimentación (n.º SOM 25-4317, 2025).
- Sánchez Rivera, Laura Sofía. «Visibilidad sin profundidad: tratamiento informativo de los trastornos de la conducta alimentaria en medios nacionales y regionales colombianos (2024)». Trabajo de grado, Universidad del Rosario, 2026.
- AVALCAB. Los trastornos de la conducta alimentaria. Guía de buenas prácticas para medios de comunicación (c. 2009; antecedente histórico).
- Ministerios de Sanidad y de Ciencia de España. Plan para la Protección de la Salud frente a las Pseudoterapias (2018) y campaña #CoNprueba (2019).
- Maldita.es. «Productos «milagro» que se promocionan con falsas entrevistas a famosos: por qué pueden suponer un riesgo para la salud y cómo identificarlos» (2023).
- Ministerio de Salud y Protección Social. Registro Único Nacional del Talento Humano en Salud (ReTHUS), consulta pública.
- Ley Estatutaria 1751 de 2015.
- Defensoría del Pueblo. Informe de Tutelas en Salud (2026).
- Superintendencia Nacional de Salud.
V. Después de publicar
- Constitución Política de Colombia, art. 20.
- Fundación Gabo. Consultorio Ético (en funcionamiento desde 2000).
- Annenberg Public Policy Center. Annenberg Science Media Monitor, informe 3 (2018, con apoyo de la Rita Allen Foundation).
- CBC News. «’Zombie facts’ live on after black plastic and other studies get corrected or retracted» (11 de enero de 2025).
- Retraction Watch.
- Reuters Institute (Universidad de Oxford). Kahn, Gretel. «Estos medios intentan fomentar la confianza a través de la transparencia. ¿Está funcionando?» (6 de mayo de 2025).
- FOPEA y Thomson Media. La confiabilidad de los medios digitales en la Argentina. Relevamiento de transparencia en 60 medios digitales (diciembre de 2020, proyecto 100 Por Cierto, con apoyo de la Unión Europea).
- The Trust Project. Indicadores de Confianza (2017; financiado, entre otros, por Google, Facebook y Craig Newmark Philanthropies).
Manual de Edición Ética para Periodismo en Salud · Luz Elena Grisales · elpacientecolombiano.com · 20 de octubre de 2026. Compilación y redacción con asistencia de Claude (inteligencia artificial de Anthropic), verificada por la autora. Gráficos: Claude. Imágenes generadas con Gemini (Google).