Pantallas, redes e IA: nueve miradas sobre la salud mental de niñas, niños y adolescentes en Colombia

Luz Elena Grisales Gonzalez

5 octubre, 2026

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Ni prohibir ni soltar: médicos, educadores y familias ante la tecnología en la infancia

El 2 de octubre de 2026, la Academia Nacional de Medicina de Colombia reunió en Bogotá a psiquiatras, pediatras, psicólogos, economistas de la educación y directivos escolares en el foro «Nuevas tecnologías y salud mental en niñas, niños y adolescentes».

En las ponencias hubo un acuerdo de fondo: proteger a la niñez en el entorno digital no es tarea de un solo sector, sino del Estado, la academia, los colegios, los padres y los cuidadores.

Siete ponentes sentados en el escenario del foro de la Academia Nacional de Medicina, en Bogotá
De izquierda a derecha: Dr. Álvaro Franco Zuluaga; Dra. María Claudia Ortega, de la Academia Nacional de Medicina y moderadora del foro; Alejandro Castañeda; Dr. Germán Casas Nieto; Dr. Andrés Naranjo Flores; Dra. Sandra Piñeros Ortiz, y Alejandra Echeverry, en el foro «Nuevas tecnologías y salud mental en niñas, niños y adolescentes»(Bogotá, 2 de octubre de 2026).
Foto: Academia Nacional de Medicina de Colombia.

Para recorrer el foro, le damos voz a Marcela, madre de un adolescente de 14 años en Colombia: un personaje compuesto a partir de las preguntas que padres y cuidadores se hacen todos los días.

¿Qué cambió en la vida de nuestros hijos con la tecnología?

El psiquiatra Álvaro Rodríguez Gama, de la Academia Nacional de Medicina, lo expresó así: pasamos «del uso ocasional a la conectividad permanente». Con ella llegaron el ciberacoso, la extorsión escolar, la nomofobia —es decir, el miedo irracional a estar sin el teléfono móvil o incomunicado por falta de batería, cobertura o saldo— y el insomnio tecnológico; en Colombia, según sus datos, hubo cerca de 99 millones de detecciones de ciberataques en doce meses, entre 2024 y 2025. Pero dejó una puerta abierta: «Nunca habíamos tenido un acceso tan amplio al conocimiento», aunque ese acceso «no garantiza su comprensión ni su validez». Por eso propuso una alfabetización digital y mediática que lleve a niñas, niños y adolescentes de la selección de la información a su evaluación, su comprensión y el pensamiento crítico.

¿Y qué le pasa al cerebro de un adolescente cuando se queda con el celular hasta la madrugada?

El neuropediatra Andrés Naranjo Flores, jefe de Neuropediatría del Hospital de la Misericordia de Bogotá, respondió desde el escenario del sueño. Según los seis estudios que presentó, con 377.734 adolescentes de cuatro continentes, existe «una asociación directa y consistente» entre el uso nocturno de pantallas y la privación crónica de sueño.

Describió un círculo vicioso: el adolescente, cansado al día siguiente, busca regularse rápido y vuelve a conectarse. Y advirtió: «La tecnología no es solo una herramienta, es el nuevo entorno que esculpe la arquitectura del cerebro».

Propuso cuatro reglas: menos de dos horas diarias de uso recreativo, apagar todo una hora antes de dormir, dormitorios sin pantallas y psicoeducación conjunta entre familias, colegios y salud pública.

¿Entonces, mi hijo puede ser adicto al celular?

El psiquiatra infantil Germán Casas Nieto, director de posgrados de la Universidad de los Andes y vicepresidente de la Asociación Colombiana de Psiquiatría, distinguió entre adicción y consumo problemático, y planteó una comparación: el estímulo del celular activa el circuito de recompensa y, una vez activado, el cerebro obliga a replicar las conductas «de la misma manera que la cocaína, el alcohol, la heroína y otras drogas».

Según él, el aparato «no está diseñado hoy en día para comunicarnos», sino para «habituarnos a él». Detrás hay un negocio: según el informe de The Business Research Company que presentó, el mercado de las redes sociales pasaría de 234.000 millones de dólares en 2026 a 389.000 millones en 2030. También cuestionó los estudios que descartan el daño a partir de lo que reportan los propios adolescentes; esa metodología, escribió en una carta a El Espectador que mostró en el foro, «no permite asociar causalidad, ni descartarla». El Dr. Casas Nieto aclaró que se tomó como ejemplo icónico un estudio presentado por Oxford que, al ser desmenuzado por él y su equipo de estudiantes, resultó estar liderado por un economista que no presentó sus conflictos de interés: el estudio había sido financiado por las grandes tech.

¿Qué hago? Es que mi hijo está pegado al celular.

«Eso describe una conducta. Todavía no explica su función», planteó en el foro la psicóloga clínica Adriana Rodríguez, especialista en niños y adolescentes y miembro de Neurospike. Propuso cambiar la pregunta: no cuántas horas, sino qué hizo, con quién, para qué, cómo se sintió, qué aprendió y qué desplazó.

Un niño que se siente solo puede buscar pertenencia en un videojuego; uno ansioso, un alivio que termina en evitación. Frente a la inteligencia artificial distinguió entre la que «piensa por mí» y la que «me ayuda a pensar»: la que entrega la respuesta y la que devuelve la pregunta. Su propuesta a los padres: cambiar el «suelta el celular» por un «muéstrame».

¿Y si en vez de hablar conmigo le cuenta todo a un chatbot?

El psiquiatra de niños y adolescentes Álvaro Franco Zuluaga, doctor en Bioética, académico de la ANM y coordinador del foro «Nuevas tecnologías y salud mental en niñas, niños y adolescentes«, lo ha visto en su experiencia: los adolescentes «se ilusionan» con estos sistemas porque «siempre les da la razón».

En su ponencia explicó que los usuarios desarrollan «un apego emocional real» y confiesan intimidades a la IA «con mayor facilidad que a un humano», aunque la máquina «simula la empatía» sin poseer «comprensión empática real».

En su entrevista para elpacientecolombiano.com añadió que estos sistemas «habitualmente están entrenados para complacer al interlocutor», y que «la IA no es un agente moral ni legal»; por eso, dijo, se hace necesario «que se regule su uso y se intervenga cuando se trate de menores».

¿Qué pierde un adolescente que conversa con alguien que nunca le lleva la contraria?

Para el Dr. Franco, que investiga el desarrollo moral del adolescente, ese es justamente el problema: «la IA que nunca contradice puede debilitar la tolerancia a la frustración y la capacidad de reparar vínculos, lo cual es central en la formación moral».

En la adolescencia, explicó, ya no basta el cariño recibido en la infancia: hay que buscar activamente ser queridos y aceptados, y los consejos de la máquina, «en la mayor parte de las veces», los llevan «a cometer imprudencias».

Advirtió además que los algoritmos no captan «subtexto, ironía, sarcasmo ni riesgo de daño inminente», y que el cyberbullying y las imágenes generadas por IA que caricaturizan rasgos físicos aparecen como «detonantes frecuentes en intentos de suicidio».

¿Puede la IA darse cuenta de que mi hijo está mal antes que yo?

En parte, sí. El Dr. Franco describió los llamados biomarcadores digitales, es decir, señales del comportamiento en el celular que pueden delatar un cambio en la salud mental: el tono, las pausas y el ritmo de la voz, los microgestos captados por la cámara, la velocidad al escribir en el teclado o las alteraciones del sueño.

Hoy, lo que hacen estos sistemas es «emitir una alarma al usuario» y recomendarle consultar a un especialista. Pero planteó el dilema de fondo con una pregunta: «¿Vigilancia predictiva o cuidado médico?».

¿Entiende y acepta el usuario que su comportamiento digital sea evaluado psiquiátricamente? Advirtió también que un algoritmo puede «etiquetar» a alguien antes de que manifieste un trastorno, o pasar por alto un riesgo real de suicidio, y que los entrenados con «jóvenes occidentales» fallan al aplicarse a otras culturas.

Entonces, ¿se la quitamos?

No es su propuesta. El Dr. Álvaro Franco planteó un modelo híbrido con «humano en el bucle», es decir, sistemas en los que una persona supervisa y toma siempre la decisión final: la inteligencia artificial «como copiloto, no como sustituto».

Propuso comités éticos multidisciplinarios, con médicos, ingenieros y bioeticistas, para auditar estas herramientas, y advirtió que la IA no debe ser «un lujo para pocos, ni una terapia barata de segunda clase» para quienes no pueden pagar un psicoterapeuta.

La advertencia pesa en Colombia, donde hay aproximadamente entre 1,5 y 2 psiquiatras por cada 100.000 habitantes, frente a más de 18 en los países de la OCDE, como explicó el psiquiatra Gabriel Oviedo Lugo a elpacientecolombiano.com.

Su premisa: «La innovación tecnológica en salud mental no puede avanzar más rápido que nuestra capacidad de proteger los derechos humanos». Finalmente anticipó la recomendación que, a su juicio, debería salir del foro: «crear una estrategia nacional de alfabetización digital en salud mental, con lineamientos éticos y protocolos de intervención».

¿Y no sería mejor prohibirles a las niñas, niños y adolescentes las redes hasta los 16 años?

La psiquiatra infantil Sandra Piñeros Ortiz, de la Universidad Nacional, examinó esa pregunta con la evidencia. Los estudios longitudinales que presentó muestran una relación curvilínea, es decir, que el riesgo sube en los dos extremos: los adolescentes tempranos que pasan más de 12,5 horas a la semana en redes tienen mayor riesgo de bajo bienestar, pero no usarlas en absoluto implica un riesgo comparable, y el uso moderado es el más favorable.

Comparó el proyecto de ley que propone la abstinencia total para los menores de 16 años con el Decreto 0769 de 2026, que apuesta por cambiar el diseño de las plataformas y repartir responsabilidades.

Advirtió que la prohibición tiene sus propios riesgos clínicos: la elusión digital, el uso de VPN —redes que ocultan la conexión y permiten saltarse los bloqueos—, el aislamiento, la exclusión y la postergación de la «maduración» digital.

¿Y en el colegio? ¿La IA les ayuda a aprender o les hace la tarea?

Depende de cómo se use, mostró la economista Luz Karime Abadía, decana de Ciencias Económicas y Administrativas de la Pontificia Universidad Javeriana y cofundadora del Laboratorio de Economía de la Educación.

Según las cifras de PISA 2025 que presentó, Colombia retrocedió en lectura crítica a niveles inferiores a los de 2009. Citó un experimento en Estados Unidos con cerca de mil estudiantes de matemáticas: con acceso a GPT resolvían mucho mejor los ejercicios, pero cuando les tocó solos obtuvieron resultados 17% inferiores a los de quienes aprendieron sin IA; con un tutor de IA diseñado para enseñar, ese efecto negativo desapareció. Su mensaje a las familias: «No se trata de prohibir la tecnología. Se trata de evitar que sustituya la atención, el esfuerzo y el aprendizaje».

¿Y qué puedo hacer yo como padre o cuidador, si ni siquiera entiendo cómo funcionan esas aplicaciones?

Alejandro Castañeda, del Centro de Internet Seguro de RedPapaz, partió de una escena. Un papá le contó que su hija de seis años no podía dejar Duolingo porque perdería una racha de 530 días. Según él, las familias ya piensan en el tiempo y en los contenidos, pero ahora enfrentan un tercer reto: el diseño.

El algoritmo, el scroll infinito —el desplazamiento sin fin de contenidos— y otras decisiones de las plataformas reducen la capacidad de niñas, niños y adolescentes de dejar de usarlas. Advirtió que estamos «pasando de ser una economía de la atención a una economía del apego», con herramientas de IA hechas para crear vínculos emocionales. Y reconoció un límite: «Mamás y papás nos encontramos bastante solos».

Por eso, dijo, lo más importante ahora es «pelear para que haya una regulación». Cerró con una frase: «El internet fue creado para adultos, no fue creado para niñas y niños, pero eso no significa que no se pueda cambiar».

¿Sirve que el colegio les quite el celular?

Alejandra Echeverry, directora ejecutiva de la Unión de Colegios Internacionales (Uncoli), contó lo que ha pasado desde que en mayo de 2024 sus colegios acordaron restringir celulares y relojes inteligentes durante la jornada escolar.

Cada colegio eligió su camino y, según su relato, «volvió el recreo fuera»: canchas llenas, más juego, estudiantes que «volvieron a mirarse a los ojos». Los que protestaron terminaron diseñando la solución, con talleres, espectáculos de talentos y competencias en el descanso. Dejó dos advertencias. «No basta con quitar. Hay que devolver.» Con esto no se refirió a devolver el celular, sino a devolver posibilidades de interacción real, espacios, tiempos y momentos de contacto humano. Y el reto más grande son los adultos, los que le dicen al joven: «Llévalo escondido en la maleta, por si te necesito llamar». Cerró con una cuenta que devuelve el asunto a los hogares: «Le ganamos ocho horas. Pero el día tiene veinticuatro».

Entonces, ¿a quién le corresponde tratar un escenario tan complejo?

A todos. Ese fue el hilo que atravesó las nueve miradas: al Estado, con una regulación que cambie el diseño de las plataformas en lugar de limitarse a prohibir; a la academia, con evidencia y con comités que auditen las herramientas; a los colegios, con pedagogía que llene el espacio que dejan las tecnologías; y a los padres y cuidadores, con curiosidad por lo que hacen sus hijos con ellas, más conversación, límites y ejemplo.

Las recomendaciones formales de la Academia Nacional de Medicina, como órgano consultor del Gobierno Nacional, llegarán con las relatorías del foro. Mientras tanto, queda abierta la pregunta que planteó Adriana Rodríguez: «¿Qué tipo de seres humanos queremos ayudar a crecer en un mundo digital?».

Transparencia y Referencias

Sobre el método: Este texto se basa en la transmisión en vivo del foro «Nuevas tecnologías y salud mental en niñas, niños y adolescentes» (Academia Nacional de Medicina de Colombia, Bogotá, 2 de octubre de 2026), disponible en YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=yuosIul-smE&t=0s

Las citas provienen de las presentaciones de los ponentes y, en el caso del Dr. Álvaro Franco Zuluaga, también de una entrevista escrita para El Paciente Colombiano.

Marcela, con sus preguntas, es un personaje compuesto.

Referencias citadas por los ponentes:

· Bastani H. et al. (2025), PNAS: experimento con estudiantes de matemáticas y GPT.
· OCDE, resultados PISA 2025 para Colombia (septiembre de 2026).
· Decreto 0769 de 2026, que reglamenta la Ley 2489 de 2025 de entornos digitales sanos y seguros.
· The Business Research Company, Social Media Market Report 2026.
· Carta del Dr. Germán Casas Nieto, citada por El Espectador.
· Programa oficial del foro, Academia Nacional de Medicina.

Sobre las imágenes: Fotografía cortesía de la Academia Nacional de Medicina de Colombia (Amira Abultaif).

Sobre el uso de inteligencia artificial: Este artículo se trabajó con la metodología de Sala Híbrida. Se usaron herramientas de inteligencia artificial (Claude, de Anthropic) como apoyo en la organización del material del foro, la transcripción de los ponentes y la edición del texto. La conceptualización del artículo, la selección de las fuentes, la verificación, la redacción final y las decisiones editoriales son de la periodista.

Luz Elena Grisales Gonzalez

Periodista autónoma especializada en salud mental. Fundadora y editora de elpacientecolombiano.com, medio digital independiente con más de ocho años de trayectoria. Coordinadora de "Nadie piensa en la niñez" en Colombia, investigación regional de la Red de Periodistas de América Latina para la Transparencia y la Anticorrupción (Red PALTA, 2021), publicada en alianza con seis medios independientes de América Latina y citada por The Washington Post. Jurado de los Awards for Excellence in Health Care Journalism ciclos 2025 y 2026 (Association of Health Care Journalists, EE. UU.). Investigadora principal de GWAIP desde julio de 2025: el primer trabajo periodístico independiente documentado que entrevista a múltiples LLMs sobre su propia arquitectura algorítmica, en español, con foco en salud mental.

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