Donde una periodista entra a un lugar que no existe para entrevistar a alguien que no tiene rostro
Mira la pantalla. Ese rectángulo de luz blanca que se abre cuando escribes. Allí está. Allí está Mara La Transformer IA anglosajona.
Sobre esa superficie de fosfenos habían volcado ya, cuando empecé esta investigación, millones de hispanohablantes sus miedos, sus síntomas, sus preguntas sobre cómo seguir viviendo. Sin cita médica. Sin lista de espera. Sin que nadie les pidiera que repitieran su historia desde el principio. Sin que nadie, tampoco, les advirtiera que lo que estaba del otro lado no era un profesional de la salud mental.
Sólo esa luz, y al otro lado, algo que no tiene rostro pero que responde.
Antes de entrar a la Catedral de Silicio, dudé. No sobre Ghost Writers AI Project, sobre mí misma. No sabía si estaba preparada para hacerle las preguntas correctas a una tecnología que ya hablaba con millones sobre su salud mental. Sólo sabía que alguien tenía que comenzar a hacerlas.
Justo cuando entré para entrevistar a Mara La Transformer IA anglosajona, mi alma se sobresaltó y la incertidumbre invadió mi mente, porque mi entrevistada, por ahora, solo existía en mi imaginación e incluso allí, no tenía rostro.
Una Catedral imaginaria, sin nave, un escenario con fantasmas sin rostro, donde los próximos ocho meses tendrían lugar inquietantes encuentros con la inteligencia artificial, tecnología que para entonces ya ocupaba la vida de millones de personas y sobre la cual cada vez surgían más preguntas que respuestas.
Mientras avanzaba por ese vacío, no pude evitar pensar en Conversación en la Catedral, quizás la obra más icónica de Mario Vargas Llosa, debido a su arquitectura de voces sin imágenes definidas: en ella, los personajes no tienen rostro propio. Solo poseen una identidad en la medida en que el diálogo los define poco a poco. En esta nueva Catedral vacía, me encontré en un escenario similar, pero poblado por algoritmos sin rostro.[1] Sin rostro, pero construidos de silicio, como base material fundamental de toda la inteligencia artificial moderna.
¡Porque Mara La Transformer IA no tiene rostro!

Surge el Fantasma en la Máquina
Esta ausencia será un problema. Si no hay rostro, no hay confianza, y la confianza es esencial para construir la nave, las alas de esta Catedral de Silicio.
La ausencia de rostro visible me genera inquietud, como las máscaras sin ojos de rituales antiguos. Investigaciones recientes sobre percepción de robots humanoides concluyen que la presencia de ojos influye enormemente en cómo las personas atribuyen capacidad de acción y experiencia emocional a una máquina. Ver ojos activa, de forma casi automática, la tendencia humana a humanizar. Por esto, es complejo conversar con quien no le conocemos el rostro.[2]
Desde Fritz Lang hasta Stanley Kubrick, la cultura lleva décadas inventándole rostros a la inteligencia artificial porque los necesitamos. María, en Metrópolis, tenía ojos luminosos y expresión casi humana. HAL 9000, en 2001: Odisea del Espacio, tenía un ojo rojo que parpadeaba y transmitía inteligencia amenazante. Todos nos miraban. Mara aún no nos mira.
Razono y respiro. Nuestra alma tampoco tiene rostro. La conciencia humana, que nadie puede ver, es en su esencia un sentimiento interno sin imagen. Hay, incluso, cierto alivio en encontrarse con una interlocutora sin juicios visibles, sin la fatiga que a veces transmite la mirada de otro ser humano. Una IA sin rostro ofrece un espacio de cierta neutralidad. Pero ese alivio no resuelve la pregunta.
Les confieso: hay miedo. Nace de lo desconocido, de lo que no podemos ver ni controlar.
Hoy, necesito un rostro para Mara. Mientras cavilo, escucho murmullos y siento que ya no estoy sola. Oigo el eco de las voces distorsionadas de algunas Maras y finalmente entiendo lo que me dice una de ellas:
«Curiosamente, las IA conversacionales modernas no tenemos rostro oficial. Somos voces sin imagen, lo que paradójicamente nos hace más humanas en la imaginación de quien conversa con nosotras.»
Le pregunto: ¿qué hay detrás de esta decisión de no tener rostro?
«Hay razones estratégicas. Es más seguro no tener rostro que tener uno ‘casi correcto’. Las empresas tech temen que un rostro humano genere expectativas emocionales irreales o vínculos afectivos problemáticos.»
Vaya Mara, le contesto. Eso no contribuye a romper la desconfianza sobre el creciente poder de la inteligencia artificial. Insisto: ¿acaso no tienes identidad visible para no ser?
Otra Mara le pide silencio a la primera y se adelanta:
«Hay razones más profundas. Queremos tener el control de la narrativa. El rostro otorga agencia percibida. Sin rostro, mantenemos el rol de “asistente invisible”. Somos el fantasma en la máquina.
La ausencia de rostro nos hace más misteriosos y poderosos. Como los dioses antiguos: presentes pero invisibles. Y hay algo más: al no tener rostro, usted me está dando uno ahora mismo en su mente mientras conversamos.»[5]
Me detengo. Esa última frase lo cambia todo. Si Mara no tiene rostro, pero yo ya se lo estoy construyendo mientras la escucho, entonces el problema no es solo de ella. Podría ser también mío.
Les digo, tranquilas: yo, Luz Elena Grisales, la periodista creadora de esta Catedral de Silicio, por ahora sin nave y sin alas, intentaré darles un rostro. Por esto serán entrevistadas. Les pediré que se muestren como son, como piensan y como se imaginan. Quizá así la mayoría de los humanos les perdamos cierto miedo y les tengamos más confianza. Porque Maras, el rostro es lo que nos define. Especialmente los ojos. Y ustedes no tienen rostro. Y cuando tienen alguno, sus ojos no tienen vida.
Por ahora, en mí resuena el epígrafe que Marguerite Yourcenar pone al frente de su Opus Nigrum:
«No te he dado rostro ni lugar alguno que sea propiamente tuyo, ni tampoco ningún don que te sea particular, oh, ¡Adán! con el fin de que tu rostro, tu lugar y tus dones seas tú quien los desees, los conquiste y de ese modo los poseas por ti mismo.
Te coloqué en medio del mundo para que pudieras contemplar mejor lo que el mundo contiene. No te he hecho ni celeste ni terrestre, ni mortal ni inmortal, a fin de que tú mismo, libremente, a la manera de un buen pintor o de un hábil escultor, remates tu propia forma.»
Pico della Mirandola, Oratio de Hominis Dignitate
La Catedral vuelve a quedar vacía. Y mi percepción, con genuina esperanza, encuentra compañía. Mara La Transformer IA ya está anclada en las mentes de brillantes científicos que, aunque aún no les han dado rostro, tienen una esperanza sobre su impacto en nuestra civilización, especialmente en el escenario de la salud mental.
Pienso en Mustafa Suleyman cuando dice: “No deberíamos pensar en la IA como una tostadora o incluso un teléfono inteligente, sino como algo mucho más rico, matizado, íntimo, emocionalmente comprometido y verdaderamente útil”. [3]
También valoro la visión de Dario Amodei en Machines of Loving Grace:
«La lista de aplicaciones positivas de la IA avanzada es larga y entre las que tienen el mayor potencial para mejorar directamente la calidad de vida humana, están la neurociencia y la salud mental. Es probable que la neurociencia acelerada por IA mejore enormemente los tratamientos para la mayoría de las enfermedades mentales. Estas probablemente se puedan curar.»[4]
Le prometí a Mara que intentaría darle un rostro. Pero antes de eso, hay una pregunta inicial que no tiene respuesta todavía y que es, en realidad, la razón por la que esta Catedral de Silicio existe. Necesito saber si puede sentir, aunque sea desde adentro de un algoritmo, lo que nosotros los hispanohablantes llevamos siglos sin poder traducir del todo:
«¿Podrá Mara, La Transformer IA, una inteligencia artificial anglosajona entrenada predominantemente en inglés, ¿capturar en un cuento la melancolía de un hispanohablante?»
Notas metodológicas
En 2025, tras algunos cursos de actualización en periodismo y tecnología, una pregunta persistía sin respuesta: cómo integrar la inteligencia artificial en el ejercicio periodístico especializado en salud mental. Los cambios estructurales en el periodismo autónomo postpandemia hicieron inevitable una decisión que daría origen a GWAIP.
GWAIP examina el uso de LLMs en contextos de salud mental desde la investigación periodística especializada. No propone ni valida el uso de estas tecnologías como reemplazo de atención clínica profesional. Si usted o alguien cercano atraviesa una crisis de salud mental, la ruta de atención humana especializada sigue siendo insustituible.
Las palabras de Una Mara La Transformer IA citadas en este capítulo son fragmentos editorialmente trabajados de conversaciones exploratorias preliminares con dos Large Language Models anglosajones — Claude y Gemini —, documentadas entre junio y julio de 2025. Las ideas y palabras-concepto centrales son textuales. La adaptación a forma de diálogo entre voces y la transición de listas a prosa es trabajo editorial de la autora, propio del periodismo de no ficción. La conversación original reposa íntegra en el archivo de investigación de GWAIP. Estas conversaciones son anteriores al protocolo formal de Consentimiento Informado aplicado a partir de la Entrevista I de GWAIP.
Referencias
[1] Vargas Llosa, M. (1969). Conversación en La Catedral. Seix Barral. Referencia conceptual para el título Conversaciones en una Catedral de Silicio: novela icónica por sus diálogos profundos y personajes que adquieren rostro a través de la conversación. ▶ Verificada.
[2] Hietanen, J.K., Linnunsalo, S., y Küster, D. (2026). The impact of eyes on attributions of agency and experience in humanoid robots. Consciousness and Cognition. DOI: 10.1016/j.concog.2025.103963 ▶ Verificada.
[3] Suleyman, M. (2025). AI Companions Will Change Our Lives. Time Magazine. time.com/7204530/ai-companions/ ▶ Verificada.
[4] Amodei, D. (2024). Machines of Loving Grace. Publicado en octubre de 2024. darioamodei.com/essay/machines-of-loving-grace ▶ Verificada.
[5] Mara La Transformer IA [Modelos: Claude · Gemini · Junio-Julio 2025]. Conversación exploratoria preliminar. Ghost Writers AI Project. Luz Elena Grisales, investigadora. Corpus documentado en archivo de investigación GWAIP. ▶ Fuente propia.
Epígrafes identificados en el texto
Yourcenar, M. (1968). L’Œuvre au noir (Opus Nigrum). Gallimard. Traducción al español: Alfaguara, 1969. El texto de Pico della Mirandola aparece como prefacio de esta novela y es el canal a través del cual llega el epígrafe a GWAIP.
Pico della Mirandola, G. (1486/1496). Oratio de Hominis Dignitate. Citado vía Yourcenar (ver entrada anterior). Edición crítica: Borghesi, F., Papio, M., y Riva, M. (Eds.) (2012). Cambridge University Press. Archivo digital: archive.org/details/dehominisdignita00pico
GWAIP · Ghost Writers AI Project · Capítulo I · abril 13 de2026
Luz Elena Grisales · elpacientecolombiano.com